Este blog




Este blog trata sobre los asuntos políticos relacionados con la educación de nuestros hijos, con especial énfasis en la denuncia de oscuros intereses, los de ciertos adultos  que, con el pretexto de la llamada igualdad o el llamado interés superior del menor, instrumentalizan y cosifican a nuestros menores, sobre la letra los más importantes y protegibles pero en realidad los últimos monos.


El blog retrata la inquietud de un ciudadano que ante todo es padre y reclama su derecho-deber a ejercer la paternidad. De ahí que temas como el ejercicio responsable de la patria potestad o la custodia compartida resulten de especial interés.


El buen funcionamiento de la sociedad se basa en compartir. Tanto es así, que el Código Civil, y más todavía el Código Penal, nos obligan a ello. Si alguien circula saltándose los semáforos e invadiendo el carril contrario, es decir, si se niega a compartir la vía publica, es seguro que un Juez le deberá llamar al orden. Se trata de un buen ejemplo pues, a menudo, no querer compartir nos lleva al delito o, por lo menos, al abuso. Y, sin embargo, en el ámbito fundamental de la guardia y custodia de nuestros hijos, en caso de separación, uno de los progenitores puede irse de rositas, desligándose de su derecho-deber (a condición de que pague) o uno de los progenitores puede imponerse y acaparar la guardia y custodia para él solo.


El autor del blog piensa que la guardia y custodia no sólo se puede compartir sino que se debe. Y que el Estado, en beneficio del menor, puede no sólo posibilitar y facilitar la custodia compartida, sino imponerla a los progenitores que quieran sustraerse a ella, ya sea por omisión de los deberes hacia sus hijos, ya sea por el acaparamiento abusivo de ese derecho-deber por parte de uno  solo.


Pero, para este padre, el interés por los temas políticos que tengan que ver con la educación de su hija va más allá, como se verá, del asunto puntual de la custodia compartida.


Mientras no vienen hijos, todo vale: Peter Pan con Wendy, Blancanieves con los enanitos, Blancanieves con el príncipe azul y hasta Calígula con su caballo. Ser padres nos obliga a madurar. Es el test donde se ve el plumero de las personas. Madurez es independencia y ella no puede ejercerse sin responsabilidad. Lo que conlleva una actitud política, porque cuando los ciudadanos no se interesan por la política, los políticos tampoco se interesan por los ciudadanos.



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Comentarios

Seguiré de cerca tu blog, me parece interesante la propuesta y sobre todo que se hable con normalidad de estos temas.
www.mreaxenaterra.blogspot.com


Megusta esta frase:

"porque cuando los ciudadanos no se interesan por la política, los políticos tampoco se interesan por los ciudadanos"...

y menos ahora en pleno Julio....

 

 

maltrato






Maltratador y terrorista

07/09/09

 

 

 

Entre las interesadas simplificaciones con las que se aborda el problema del maltrato (¡y así le va a la solución del problema!), está la que equipara al maltratador con el terrorista.

 

 

 

 

El terrorismo pretende, y logra, mediante el asesinato selectivo e indiscriminado, una evolución política. El paradigma del éxito terrorista es el 11S, donde los autores no podían conocer, de antemano, la identidad de sus víctimas y, por tanto, les habrían podido decir, como los mafiosos de El Padrino: no es nada personal, son negocios. Y por supuesto que esos crímenes tuvieron, y siguen teniendo (8 años después), consecuencias políticas.  Entre ellas, que seguridad y libertad se oponen igual que la inmovilidad y el movimiento (cuanto más inmovilismo, más seguridad pero menos libertad) y los políticos han aprovechado el acto terrorista para cortarnos las alas, promoviendo leyes y acciones de dudoso cariz democrático (por ej. en Estados Unidos, era Bush), a los que la ciudadanía se habría resistido más en tiempos de más confianza y menos obsesión por la seguridad.

 

 

 

 

 

 

El maltratador no sólo no se parece al terrorista, sino que funciona al revés. Conoce personalmente a su víctima y se identifica con ella hasta términos posesivos (la maté porque era mía) y la situación política general le importa un bledo cuando se obceca hasta el asesinato.





Cierto que la mente del terrorista es también perversa respecto al concepto de propiedad pero, insisto, funciona al revés: lo maté porque no era mío (o de los míos), donde  lo tiene género neutro en vez de masculino porque, precisamente, nunca ha habido terrorismo de género y sólo podría haberlo, acaso, si a algun@ fanátic@ feminist@ le diera por instaurarlo para implantar la ideología de género.






 

Identificar a maltratador y terrorista se hace, entonces, con fines interesados, para activar, desde el Estado, las mismas políticas restrictivas de la libertad que se aplican ante las agresiones terroristas más tremendas. Así, se ha predicado que no sólo el maltratador es un terrorista, sino que todo macho, en potencia, es un maltratador. El corolario ha sido una ley que, contra el expreso mandato de la Constitución, desiguala a los ciudadanos ante la ley en virtud de su sexo.

 

 

 

 

Sólo queda dar fe de los resultados: Los asesinos maltratadores siguen en sus trece, sin  que la Madre de Todas las Leyes parezca que les haga mucha pupa, a la vez que las asociaciones presuntamente feministas que viven de este cuento (el de la identificación maltratador-terrorista) no cesan de acaparar subvenciones.








El término terrorista, al estar contaminado de connotaciones políticas, puede ser manipulado con fines interesados por los aparatos de propaganda. Así, los nazis llamaban terroristas a los miembros de la Resistencia, los cuales, desde su punto de vista no lo eran. El socialismo feminista emplea su poderoso aparato de propaganda con la misma intención. Pero no cuela. Porque aquellos terroristas, para otros eran héroes nacionales, así como los terroristas de ETA lo son (o eran) también para una parte de la población vasca. Pero no podrá encontrarse a nadie que considere héroe, y menos héroe nacional, a quien asesina a su pareja o ex pareja sentimental (si esta es mujer, se sobreentiende; en otro caso, para el socialismo feminista, y para la ley, no estamos hablando de maltrato).

 

lA CRIMINALIZACIÓN DEL MENOR












EL PP PROMOVERÁ EL ENDURECIMIENTO DE LA LEY DEL MENOR EN SEPTIEMBRE

EL PP PROMOVERÁ EL ENDURECIMIENTO DE LA LEY DEL MENOR EN SEPTIEMBRE

El portavoz popular afirma que la propuesta de su partido "responde a un clamor social" ante los recientes casos de violaciones de menores por otros menores

SERVIMEDIA - Madrid - 20/07/2009

 

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/PP/promovera/endurecimiento/Ley/Menor/septiembre/elpepusoc/20090720elpepusoc_7/Tes

 






NO  A LA CRIMINALIZACIÓN DEL MENOR

20 de Julio de 2009









Una sociedad que se asusta de sus menores enseña cualquier cosa menos madurez. Si el llamado clamor social consiste en penalizar al menor, buena va la sociedad ... y los menores. En un artículo en El País (15 de septiembre de 2006), Octavi Martí habla de dos características de nuestra sociedad: la infantilización y la "basura sentimental": Disneyland, oficialmente concebido como un espacio en el que podían vivir juntos mayores y pequeños ... El punto de encuentro entre mayores y pequeños se logra gracias a que los primeros se embarcan en una regresión voluntaria. Se trata de un mundo en el que los adultos reniegan de su condición, y por tanto de su responsabilidad, porque, como Peter Pan, no quieren crecer ya que temen a dos tabúes de la Sociedad de Consumo, la vejez y la muerte. La consecuencia terrible es que impiden que los niños crezcan, maduren y asuman responsabilidades. Un País de las Maravillas, el nuestro, donde los adultos se comportan como niños y donde exigen a los niños comportamientos de adultos, a la vez que los sobreprotegen. Además, los menores se encuentran sistemáticamente cosificados por los adultos, instrumentalizados para el beneficio insano de esos adultos, los cuales se amparan, para más inri, en el interés superior del menor. El prestigioso juez de menores Emilio Calatayud, ante la inmadurez reinante, más bien aboga por elevar la edad legal para adquirir la mayoría de edad, que es lo contrario de lo que va a proponer el PP (bajar la edad de responsabilidad penal). La propuesta del PP, aparte de electoralista, populista y demagógica (como las del PSOE, ante todo lo que afecte a los menores, empezando por el aborto, siguiendo por la educación) es una muestra de esa irresponsabilidad de los mayores, que pretenden arreglar el problema de los menores cargándoles el mochuelo en exclusiva, criminalizándolos. ¿Y nuestras obligaciones como adultos, qué? No obstante, no se olvide, volviendo a la ley, que, por ejemplo, un padre ya no puede corregir razonable y moderadamente a sus hijos, frase eliminada del Código Civil. O que una niña de 12 años puede ir a una farmacia y pedir la píldora abortiva del día siguiente. En qué quedamos, ¿son "menores" o no son menores? ¿Sí lo son para algunas cosas pero para otras no? Hemos perdido el norte

 

 


El informe del CGPJ sobre la ley del aborto







ABORTO E IGUALDAD

11/07/09








Las menores abortarán sin conocimiento de sus padres. Ante el clamor social en contra, el gobierno ha echado mano del CGPJ, que aconsejará el conocimiento de los padres, salvo excepciones: “malos tratos, violación o delitos similares de los padres hacia la menor.” Matiz tan peligroso como innecesario. Se supone que tales monstruosos padres habrán perdido la patria potestad. Pero, o se tiene la patria potestad, o no se tiene. Y, si se tiene, es deber-derecho de los padres el poder ejercerla. De nuevo, y de nuevo con las mejores intenciones (de las que el infierno anda lleno), como con la ley de violencia de género, se alientan las denuncias falsas pues una ley con tal matiz sugiere a las menores que quieran ocultar a sus padres un aborto que los acusen y denuncien por tales delitos. Siempre pasó que, hecha la ley, hecha la trampa. Pero, de un tiempo a esta parte, la trampa ya está en la misma ley, y con la bendición del TC y del CGPJ. El gobierno, que no ha desarrollado la mediación familiar prevista en la reforma de la ley del divorcio, sigue apostando, al contrario, por sugerir el conflicto entre la familia como camino directo de la mujer hacia la “igualdad.”





Posdata del 15/07/09

 

 

 

COMO SI EL ÁMBITO DE LO CIVIL FUESE EL DE LO PENAL

 

 

 

Una cosa es hacer leyes para proteger a las minorías, como la que permite el matrimonio homosexual, y otra muy distinta elegir lo minoritario, o incluso lo monstruoso, como canon general para legislar sobre la mayoría. No se debe decir, como De la Vega, que hay “un porcentaje,” no especificado por ella, de padres que no se lleva bien con los hijos (el que sí se lleva bien, según De la Vega, es el 99%) y legislar como si la norma fuera el 1% pues ello acarrea vulnerar los derechos fundamentales de muchos ciudadanos (en este caso, el derecho-deber de los padres a ejercer la patria potestad).

 

 

 

Y no se debe porque ello inevitablemente engendra un conflicto gratuito entre las familias, a la vez que no soluciona el problema. Espero que haya consenso sobre cuál es la solución del problema: ¿queremos el menor número de abortos posible a consecuencia del menor número de embarazos no deseados y de la calidad de las prestaciones sanitarias, o queremos utilizar a la ley, una vez más, para el ascenso de la Ideología de Género al poder?

 

 

 

Pero el Feminismo Socialista legisla como si la mayoría de los ciudadanos fuesemos monstruos. Por ejemplo, la ley de violencia de género presupone, ya desde su preámbulo, que la mayoría de los varones son maltratadores, lo cual ¿a alguien le cabe duda de que es falso? De esa mentira se deduce, una vez más, la discriminación legal de los ciudadanos, según lo que les cuelgue o no entre las piernas, lo que da lugar al abuso de los otros, que juegan con ventaja en la ley. Las denuncias falsas desvirtuan, desprestigian e inutilizan a esa ley que, así, no ha solucionado el problema (a los datos me remito), a la vez que estimula los conflictos familiares, al ser utilizada por mujeres para obtener ventajas penales fraudulentas en procesos civiles como los de separación, con hijos menores por medio, los últimos monos.

 

 

 

 

Posdata del 23/07/09  

 

 

 

Bloqueado el dictamen del CGPJ sobre la ley del aborto

El rechazo de Dívar [debido a las creencias religiosas del presidente del CGPJ, nombrado por Zapatero] impide al órgano de gobierno de los jueces emitir una opinión favorable sobre la nueva legislación de plazos de interrupción del embarazo

JOSÉ A. HERNÁNDEZ - Madrid - 23/07/2009

 

 

Véase en

 

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Bloqueado/dictamen/CGPJ/ley/aborto/elpepusoc/20090723elpepusoc_3/Tes

 

 

Nos llama la atención a muchos padres separados que nuestros hijos entren a formar parte de un paquete, como si fuesen cosas en vez de seres humanos, junto a la vivienda familiar y el dinero de la pensión porque el que se quede con los niños, se queda con todo el pack. Por otra parte, el PP aprovecha a los menores de manera populista y dice que desea endurecer la ley del menor. El interés superior del menor es, en efecto, uno de nuestros principios políticos y jurídicos más sagrados y, sin embargo, en las situaciones descritas, y en otras, parece más bien que el menor es el último mono, un pretexto para nuestros intereses de adultos, entre los que parece que no figuran nuestros hijos. Si eso es así con los que ya han nacido, qué no será con los que están por nacer. Eso me ha llamado la atención en la noticia de  http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Bloqueado/dictamen/CGPJ/ley/aborto/elpepusoc/20090723elpepusoc_3/Tes: Los jueces, finalmente, no hablan de nada pero los políticos hablan de los jueces, la secretaria de igualdad del PSOE de la realidad del s. XXI, la del PP habla, en cambio, del gobierno, BenignoBlanco de la familia, Gádor Joya de la mujer embarazada y las juristas de Themis de la mujer a secas, que, según ellas, son los únicos ciudadanos que deben de tener vela en este entierro. Del feto, lo que se dice del feto (¿ser vivo o ser humano?), parece que sólo habla Bibiana Aído y, en vista del éxito obtenido, ya ni siquiera ella.

 

De entre todas las citadas, la postura de las juristas de Themis, y en general de todo el Feminismo Radical, resulta particularmente sutil. El delicado asunto del aborto lo deciden sólo las mujeres, de la misma manera que la independencia de Euskadi, según otros, la deciden sólo los vascos. Para que esas posiciones adquieran coherencia, se han de amparar en el reduccionismo, imaginando que el hombre no desempeña ningún papel en el proceso, lo que supone reducir la concepción a la maternidad, o que los vascos no son españoles. Desde el reconocimiento de que el voto de la mujer embarazada (que no tanto el de la mujer sin embararar, aunque sea jurista y de Themis) resulta, en este caso, un voto de calidad, me parece tan injusto, inasumible y escandaloso el lema feminista nosotras parimos, nosotras mdecidimos  como su equivalente machista “nosotros os dejamos preñadas, nosotros decidimos.”

 

Como siempre, los extremos se tocan y a la mujer feminista radical, que desee decidir en exclusiva sobre el hijo que lleva dentro, le viene muy bien, o más bien necesita, un hombre machista que se desentienda del hijo que engendró. El problema, para ese feminismo, consiste en los hombres que sí nos interesamos por nuestros hijos, los que somos algo muy diferente a esa nueva masculinidad que desea “resignificar” el señor Lorente.

 

Por lo demás, aparte de machista, esa postura resulta inmadura hasta el colmo: El colmo de la inmadurez consiste en no asumir nuestra responsabilidad, descargándola en alguien, como hacen tan a menudo los políticos (cuanto más poder, más inmadurez, o sea, más capacidad para esquivar la responsabilidad), o como el citado deseo del PP de endurecerla ley del menor, lo que supone, para los adultos, esquivar nuestra gran responsabilidad en el problema de los menores, o como esos citados varones que no quieren saber nada de las consecuencias de hacer el amor.

 

Una última reflexión, a propósito de la noticia, nos lleva al pobre y desolado Zapatero, que estará pensando eso de cría cuervos ... O más bien estará diciéndose lo que Franco, a propósito de un militar al que había sentado en las Cortes y, una vez allí, en una ocasión votó en contra de una ley franquista: Si Fulano no estaba de acuerdo, debería haberse abstenido pero nunca votar en contra, porque Yo fui quien lo nombró. Pero, en fin, eso de que a los jueces los nombren los políticos ... En el pecado llevan la penitencia.



 

 

LO PRIVADO Y LO PÚBLICO





EL ÁMBITO PRIVADO DEL PERSONAJE PÚBLICO

14/06/09 (releído el 10/07/09)



RESUMEN

La escandalosa publicación de las fotos de Berlusconi y sus invitados en Villa Certosa, por parte de El País, ha sido justificada por la Defensora del Lector de ese periódico con el argumento, entre otros, de que el derecho a la intimidad, en el caso de los personajes públicos, tiene ciertas limitaciones, y una de ellas tiene que ver con el interés público de lo que se cuenta sobre ellos, o sea, del acontecimiento con repercusión pública. En este artículo se cuestiona esa opinión considerando qué es realmente el interés público, qué es realmente el personaje público y qué es realmente el acontecimiento con repercusión pública, o dicho de otro modo, considerando quién es el que tiene el poder para definir tales conceptos: el propio medio de comunicación. En la posdata del artículo se constata, además, que dicha doctrina del periodista supremo es la misma, en España, que la del juez supremo, por otro nombre pensamiento único.







"Para que la ficción sea ficción, la prensa debe ser verdad." Carlos Fuentes, al recibir el premio González-Ruano de Periodismo de 2009





"No man can wear one face to himself and another to the multitude without finally getting bewildered as to which may be true." Hawthorne, citado en The Sopranos








"Silvio, yo no me ocupo de tus cosas privadas, de la crisis, de la Constitución, de la ética. Esos son hechos privados. Yo hablo de las cosas públicas, de las putas, de las chicas, de las escorts. En fin, Silvio, hay bastantes parados, ¿por qué no les regalas algunas escorts también a ellos..." Roberto Benigni, a Berluscuni, en la fiesta del Partido Demócrata italiano. En http://www.elpais.com/articulo/cultura/Silvio/invitas/orgias/elpepucul/20090904elpepucul_6/Tes , Miguel Mora, Roma, 04/09/09






"Lo que está convirtiendo a Berlusconi en un personaje impropio de un país serio y de un Gobierno presentable, hurtándole cualquier capacidad de dialogar con autoridad con sus homólogos, no es su vida privada, sino precisamente la confusión delirante entre lo público y lo privado con que ha organizado la vida política italiana." Editorial de El País, de 11/09/09, http://www.elpais.com/articulo/opinion/Mejor/frecuentarle/elpepuopi/20090911elpepiopi_1/Tes


 

 

 




 La publicación de las fotos íntimas de Berlusconi por parte de EL PAÍS resulta un buen ejemplo de la conocida diferencia entre comedia y tragedia. No habría podido ser de otra manera, tratándose de un personaje tan cómico, en el respetable sentido teatral del término. Como es sabido, tragedia es si usted me da una patada en el trasero a mi, mientras que, si se la doy yo a usted, eso es comedia (o viceversa, todo depende del punto de vista). O en otras palabras, EL PAÍS, de forma maquiavélica, le ha dado a Berlusconi de su propia medicina. El que se ha apoderado nada más y nada menos que de Italia gracias al control de los poderosos medios de comunicación de masas, ha recibido en su propia carne una muestra de ese tremendo poder y de su capacidad no ya para manipular la realidad sino, lo que es más, para imponerla. Esa perpetua confusión de géneros berlusconiana, entre comedia y tragedia, que encaja tan bien dentro de la eterna tragicomedia italiana (o española), de ahí su éxito, es lo que la Defensora del Lector de EL PAÍS, Milagros Pérez Oliva, llama la confusión entre lo público y lo privado, una constante en el proceder de Berlusconi (en http://www.elpais.com/articulo/opinion/interes/publico/fiestas/Berlusconi/elpepuopi/20090614elpepiopi_5/Tes, El interés público de las fiestas de Berlusconi, consultado el 14/06/09). Como el estadista italiano ha pervertido los límites de la privacidad, no puede acusarse de invasión a nadie, sin hipocresía teatral, pues para invadir ha de traspasarse un límite cuya existencia, en este caso, se pone en duda. Podrá interpretarse (ya que nos movemos en la confusión de géneros, más necesaria aún de interpretación) si eso es del todo vero, pero desde luego que está ben trovato.

 

 

 

 

 

Sin embargo, el primer argumento que emplea la Defensora del Lector de EL PAÍS para justificar la publicación de las fotos resulta, en principio, más propio del Defensor de EL PAÍS que de la Defensora del Lector:

 

El derecho a la intimidad ampara, ciertamente, a todos los ciudadanos, incluidas las personalidades públicas, y EL PAÍS respeta ese derecho. Pero en el caso de los personajes públicos, no es un derecho absoluto. Tiene ciertas limitaciones, y una de ellas tiene que ver con el interés público. Cuando la actividad privada adquiere la dimensión de acontecimiento con repercusión pública, ese derecho puede quedar restringido.

 

 

 

 

 

Pero, ¿quién interpreta lo que es el interés público?, ¿quién el árbitro que decide el supuesto interés de una noticia, sea del género que sea? Pues el medio que la publica y solamente ese medio (en todo caso, no el público). Los lectores lo percibimos claramente sobre todo en la sección de cartas al director de cualquier periódico. Nosotros escribimos sobre los asuntos de nuestro interés, de entre los cuales el diario de turno elige los asuntos de Su interés (y eso sin entrar ni siquiera en el tratamiento -o línea editorial- que dé cada lector a su asunto, que esa es otra), sin que pueda alegar el diario que, para su elección, se atiene a estrictos criterios de mayor o menor interés público pues ha de reconocerse que, en el día a día, unos asuntos determinados, pese a no haber sido elegidos, pueden interesar al público tanto o más que otros. Sobre todo porque un medio de comunicación puede publicar asuntos de escaso interés público en detrimento de otros más interesantes. Para ilustrar esto, y siempre sin salir de la sección de cartas al director, no queda más remedio que recurrir a las comparaciones odiosas. EL PAÍS no ha publicado una reciente carta que trataba sobre la maltratada patria potestad, asunto de interés para los lectores que sean padres, si es que hay alguno, al hilo de una alusión a ella de uno de sus articulistas, pareciéndole más de “interés público” una rectificación de Fernando Savater a Fernando Savater sobre un artículo muy bien escrito, como todos los suyos, pero de cuestionable interés público aquí en España, hasta tal punto que el propio Savater califica como “improbable” al lector al que haya podido inducir a error, lo que viene a  reconocer la gratuidad de su rectificación, que equivaldría también a confesar la gratuidad del original rectificado, si no fuese porque el interés público de Savater, merced a su autoridad literaria, es el propio Savater, al margen del asunto de que trate. ¡Pero de ahí a autocomentarse y autorrectificarse! Y no será la primera vez que la institución del Defensor del Lector de EL PAÍS ha recibido quejas por el abuso de algún que otro articulista, y en especial Savater, de la sección de cartas al director, pues se la considera un espacio de los verdaderos lectores públicos que los foros digitales nunca podrán sustituir. Así, mediante la selección de contenidos, lo que se dice y lo que se calla, los medios de comunicación influyen, alientan, o dicho más crudamente, manipulan la opinión de las masas hasta tal punto que la opinión pública ha pasado a ser la de los media y no la del público, o en todo caso, el ciudadano sólo podrá tener una opinión pública si su opinión es recogida por los media. 

 

 

 

 

El medio es el mensaje. Los medios de comunicación tienen poder para crear sus propios géneros y, si deciden que el reality show es un género, entonces a los sufridos lectores no nos quedará más remedio que comérnoslo con patatas. Se trata de un círculo vicioso: los medios crean el interés público, en su propio interés ideológico y empresarial, y luego argumentan que la carnaza que ofrecen es desinteresada, ya que ellos se limitan a servir al interés público, confusión de nuevo similar a la de la comedia y la tragedia, ya que en este caso el amo se hace pasar por el servidor. La misma Defensora del Lector de EL PAÍS reconoce que ello es así, manifestando los intereses particulares del medio en el que trabaja, al vanagloriarse de la cantidad de lectores (con el consiguiente rédito empresarial) que han consumido el reality show de Berlusconi. Cierto que los personajes que salen en las fotografías son irreconocibles, de la misma manera que los bañistas que aparecen en unas fotos robadas en una playa a una famosa también lo son, en tanto que anónimos para los lectores, pero como Berlusconi, que es contra quien apunta EL PAÍS, queda perfectamente identificado, las diferencias que establece la Defensora entre su periódico y la competencia amarilla recuerdan un poco al argumento de los abogados defensores del golpista de Valencia, el 23F, cuando afirmaron que los tanques que salieron a la calle respetaron los semáforos.

 

 

 

 

 

Además, en este caso (como en todos los casos, no hay que ser tan ingenuo) el interés empresarial coincide con el interés político. Sabido es que Berlusconi no despierta las simpatías de la línea editorial de EL PAÍS y, yendo más allá, puede afirmarse que, como magnate de los medios de comunicación, es un competidor de nuestro periódico. A los lectores no nos gusta que nos manipulen, ¡si acaso percibimos que nos manipulan, aunque no nos manipulen! (en otro caso, nos la dan con queso) y la publicación de las fotos, justo en la fecha en que se publicaron, inmediatamente antes de la votación para las elecciones europeas, ha sido percibida como una manipulación (a innumerables comentarios de los foros digitales me remito). Como por casualidad, un partido político catalán, cuya “línea editorial” resulta afín a la de EL PAÍS, utilizaba también el rostro de Berlusconi en su campaña electoral para asustarnos con el Coco. El resultado ha sido que Berlusconi ha vuelto a ganar en Italia mientras que los políticos que han utilizado la mala imagen de Berlusconi, ayudados por EL PAÍS, no han ganado mucho en España. EL PAÍS, dentro de la euforia por el enorme impacto mediático obtenido, (y el partido político al que se alude) podrán reflexionar sobre la fecha más conveniente para informar sobre un determinado asunto y utilizar determinadas imágenes. En mi humilde opinión, el ataque habría resultado más efectivo fuera de la campaña electoral y, en todo caso, habría transmitido más credibilidad y "desinterés", o sea, "interés público." (Y por lo que respecta al partido político, valga la digresión, el mensaje de los electores ha sido claro: “Los votantes de tu partido ya sabemos cómo es Berlusconi, y desde antes que EL PAÍS nos lo remachara. Dinos más bien cómo eres tú.”)



 

 



En este mundo, -escribió Larra- para conservar amigos es preciso el valor de aguantar sus obsequios. De nada servirá que EL PAÍS haga subir al púlpito a un ejército de moralistas, juristas y defensores del lector para convencernos de sus buenas intenciones porque lo delata la reacción que hemos tenido sus lectores, al obsequiarle con nuestro "interés público." Los lectores -también italianos- hemos consumido ávidos la carnaza que se nos ofrecía, y lo mismo nos da que se trate de Berlusconi con una "velina," que de Cristiano Ronaldo con Paris Hilton, que de un anónimo con el pene en erección en la finca de Berlusconi (que lo mismo nos da que sea un político checo o de las Filipinas, ya que que no se trata del propio Berlusconi, que ahí sí que cambiaría nuestro"interés público;" nótese que, si en dicha fotografía, se hubiese pixelado el pene en vez de la cara, el documento habría perdido, sin duda, "interés público," o sea, morbo), pero no por eso hemos variado el sentido de nuestro voto, si es que acaso hemos acudido a votar. Los lectores, maleducados por los medios de Berlusconi, y ahora por EL PAÍS, hemos desatado nuestros bajos instintos compulsivos y consumistas (lo que otros llamaron pornografía; lo que Pasolini, que tan descarnada –o carnalmente- lo denunció en Saló o los 120 Días de Sodoma, llamó mercificazione), sin que por ello, y a la vez, hayamos apelado a nuestro aliento más espiritual para realizar una reflexión política no ya tan sólo sobre el sentido de nuestro voto en las elecciones, sino sobre las tentaciones del mundo, el demonio y la carne, que tan a menudo, y más en esta era digital, para el consumidor quedan tan sólo en voyeurismo. Los excesos de Berlusconi son reprobables, la manera de denunciarlos de EL PAÍS es reprobable y la manera de consumir su denuncia por parte de los lectores  más reprobable todavía porque  posibilita la inmoralidad tanto de EL PAÍS y otros medios como de personajes al estilo de Berlusconi. ¿Qué se puede esperar de unos lectores que se interesan más por las fiestas del personaje, por sus veline y por sus futbolistas, que por las políticas del gobernante?  Esos mismos lectores, cuando dejan de leer (aunque en este caso haya que leer poco, pues volvemos al programa medieval de imágenes, de iconos de una simplicidad excesiva con fines publicitarios al servicio de la ideología del Poder que los divulga) son los mismos que acuden en masa a la festividad del Triplete del Barça o a la presentación de Cristiano Ronaldo o a la manifestación convocada por nuestro Berlusconi de turno (por ejemplo, en contra del terrorismo, de la guerra, del aborto) a la vez que ignoran otras causas de menos "interés público" pero más justas o concretas, que no pueden aspirar a ese poder de convocatoria por el mero hecho de que los medios de comunicación no las apoyan, ni las resaltan, ni las venden. Y así, una masa similar en número o incluso esa misma masa se manifestaría no ya en contra, sino a favor del terrorismo, de la guerra y del aborto, si a los medios de comunicación  les diera la gana de influirlo así.






Los mass media, como su nombre indica, se dirigen a la masa, no al ciudadano privado y particular. Aspiran a convocar al mayor número posible de lectores, a que su púlpito resuene lo más lejos que puedan, de ahí las técnicas literarias y de imagen a las que recurren en aras a esos intereses de expansión y dominio. Desde luego que los mass media no se dedican ni a la poesía, ni a análisis profundos como los de un ensayo, ni ya, si quiera, al artículo de costumbres. Ahora son ellos los que dictan e imponen las costumbres y para eso se decantan, cada vez más, por géneros como el reality, la fotografía, que es la versión más directa de la imagen, el artículo de opinión, la tertulia, a la que más propiamente deberíamos llamar "cotilleo," y por cualquier género, en suma, que conduzca a la invasión de la intimidad, tanto la del personaje tratado como la del lector. No podría ser de otra manera, pues aunque el medio se dirija a la masa, cada receptor es individual. Pero un individuo sin intimidad se convierte en masa, si se trata del lector, o en personaje e imagen, si se trata del ciudadano elegido como fuente de noticias por parte de esos medios. El truco consiste, entonces, en destruir la barrera entre lo íntimo y lo personal, lo privado y lo público. Para que luego digan de Berlusconi.







Podrá decir la Defensora que estoy matando al mensajero y que precisamente el contubernio de Berlusconi en Villa Certosa se parece demasiado al que retrató el profeta Pasolini en Saló, con sus adolescentes conducidos también en vehículos del Estado para uso y disfrute de unos poderosos, y que Berlusconi comparte y practica el lema de aquellos libertinos (tutto è buono quando è eccesivo),  muestras ambas –la de Berlusconi y la de los fascistas de Saló- de la impunidad y anarquía del Poder, perche nulla è più anarchico del potere, il potere fa pratticamente ciò che vuole e ciò che il potere vuole è completamente arbitrario o dettato da sua necesità di caratter economico che sfuggono alla logica comune  (Pasolini dixit), pero, a la vez, nada más desolador también que nuestra reacción, la de los lectores de EL PAÍS (para regocijo del Mercado, en este caso del grupo editorial propietario de este periódico), porque, una vez más, hemos mostrado que cuanto más ávido el consumidor, más apático y conformista resulta el votante, y eso ya incluso aunque el político en el que tiene que depositar su voto se le ofrezca como un objeto de consumo más, vendido con sofisticadas técnicas publicitarias, al margen del programa electoral, que a nadie importa. Entre no consumir y no votar, hemos elegido no votar, y esa parece la única "libertad" que nos queda. Llaman los cronistas y los políticos a "votar a Fulano" "depositar la confianza en Fulano" y la abstención no puede interpretarse sino como una tremenda crisis de confianza en quienes nos representan, a la vez que no dejamos de confiar, de tropezar una y otra vez en la misma piedra, en el Mercado que perpetuamente nos manipula y nos engaña. Lo que, en una palabra, se llama conformismo (Moravia) o cinismo (Saviano o Wilde: a cynic is a man who knows the price of everything and the value of nothing).

 

 

 

 

 

Pero el argumento de la Defensora no sólo es tendencioso a causa de lo que realmente es el llamado "interés público", sino también a causa de lo que realmente es el llamado "personaje público." En nuestros días, personaje público es simplemente aquel que sale en los medios de comunicación, lo mismo da que se trate de un político poderoso o de un ciudadano vulgar, como la novia adolescente de un imputado en el crimen de otra adolescente. Si el personaje público despierta interés público, como recuerda la Defensora del Lector, lo cual es como decir que la rosa es la rosa, que el vino hace dormir porque tiene virtud dormitiva, o que los animales están animados porque tienen ánima (alma), o como preguntar de qué color era el caballo blanco de Santiago, con ello la Defensora nos está reconociendo que su manera de pensar es la del enemigo y que también EL PAÍS confunde lo privado y lo público en el caso de un personaje de su interés, como es Berlusconi, simplemente porque un personaje mediático es un personaje, el cual, por definición, no puede decidir sobre su privacidad. Ese es el quid de la cuestión: que los medios de comunicación, al contrario  que la Administración del Estado, no tratan sobre ciudadanos sino sobre personajes y el personaje, así se trate de don Quijote o de Berlusconi, es una creación del autor, que es el que le mueve los hilos, con la complicidad del lector. Así por ejemplo, asistimos en nuestros días a lecturas críticas sobre los héroes de los cómics americanos que los reconocen como homosexuales (lo que pasa es que los autores no podían expresarlo en una época llena de homofobia). Ante esas atribuciones, Superman está completamente indefenso, a no ser que su autor le concediera la palabra para desmentir o confirmar a los lectores, como hizo Cervantes con don Quijote para refutar a Avellaneda, y de la misma manera sufre indefensión la imagen de la adolescente expuesta en los media, así sea la que salió en la impúdica entrevista televisiva en el caso de la menor sevillana arrojada al Guadalquivir, a un vertedero o no se sabe dónde, como, sobre todo, la desaparecida Marta del Castillo, a la cual los medios de comunicación son también los culpables de haberle arrebatado su alma, difundiendo su imagen, borrando los límites de su privacidad.   Y, por supuesto, también está indefenso, ante la divulgación pública, hasta el propio Berlusconi, que ya es decir. Por eso la intimidad y aun la personalidad de los menores (o la de los policías que luchan contra el terrorismo) suele aparecer velada en los media, porque el mero hecho de aparecer en ellos genera indefensión. La de cualquier imputado con el que se cebe la prensa. Las campañas contra él, en primera página y repetidas hasta la saciedad. Las rectificaciones, si proceden, en letra pequeña, en el lugar más marginal y, como dice la canción, solamente una vez. 





Los media elaboran un relato que crea una realidad virtual y el personaje queda atrapado en el texto, que provoca una imagen de la que el protagonista, al que tantas veces deberíamos llamar mejor "el imputado", nunca podrá escapar, literalmente empapelado por las diligencias abiertas por los medios de comunicación, en todo similares a las de la justicia, sólo que sin garantías procesales ni plazos. El ciudadano concreto, con sus derechos y deberes, al que los media convierten en personaje adquiere para todos los lectores la caracterización de ese personaje y ya no podrá desprenderse del sambenito. Los media han elevado "el qué dirán" a la categoría de certeza.      Berlusconi ha vuelto a ganar las elecciones porque la imagen de caballero forzada por el imperio mediático del ciudadano Kane-Berlusconi a lo largo de años no ha podido deshacerla en dos días la contraimagen de satírico y corrupto sileno ofrecida por EL PAÍS: el discurso repetido (así sea verdad o mentira) se convierte en verdad. La reputación de un ciudadano público se basa exclusivamente en la imagen o personaje que los media elaboran de él. Con el agravante de que la cultura de los media necesita personajes planos, simples, sencillos, superficiales, definidos instantáneamente e inmutables (flats characters), en vez de personajes profundos (rounds) que se van haciendo, moviendo y cambiando a medida que avanza con morosidad el relato, como es el caso de algunos de los de las mejores novelas. Como dice el catedrático emérito de derecho Alejandro Nieto, a propósito de la presión mediática, una vez que ha salido del tubo la pasta de dientes, ya no puede volverse a meter en él. De nada le sirvió a don Quijote no confundir nunca a las ventas con castillos a lo largo de la mayor parte de sus aventuras. Como el narrador relató esos despropósitos al principio, la contundencia del relato y la capacidad informativa de esos disparates atrapó al lector y, a partir de ahí, el hidalgo machego quedó condenado a ser don Quijote a lo largo del resto de su historia.






Lo cual explica también el nuevo triunfo electoral de Berlusconi, a pesar de la malévola campaña de EL PAÍS, recibida por lectores con prejuicios, entre los cuales el más importante era el de la imagen previa, favorable al personaje, forjada por los medios de comunicación dominados por el propio Berlusconi. Esa imagen, a día de hoy, sigue siendo más poderosa que su contraimagen, debido a ese aludido principio medieval de la Teoría de la Información, capaz de atrapar en su tela de araña no sólo a don Quijote sino a todos los que salen en los media: "si al principio no muestras quién eres, nunca podrá después cuando quisieres." La única manera de que una contraimagen venza a una imagen previa es que los lectores se olviden de la imagen, porque, enfrentadas las dos, por muy fundamentada, verosímil y racional que se nos aparezca la contraimagen (si es que acaso podemos hablar de "racionalidad" a nivel imaginativo), en el plano emocional, que es el que cuenta, siempre la imagen primera jugará con ventaja. Así lo reconocía Bertrand Russell, en un escrito de 1916 sobre la educación en la infancia, que consiste en instaurar en los seres humanos la imagen primera sobre cada asunto: El poder de la educación para la formación del carácter y el criterio es muy grande y está reconocido generalmente. Las creencias verdaderas, de padres y profesores, aunque por lo general no los preceptos declarados, son adquiridas por la mayoría de los niños casi inconscientemente; y aunque se aparten de esas creencias en su vida posterior, algunas de ellas permanecerán profundamente arraigadas, prontas a emerger en un momento de tensión o de crisis.










Ello es debido a otro principio fundamental de la Teoría de la Información: Ningún mensaje puede ser decodificado si el receptor no alberga prejuicios o presuposiciones sobre él. Esos pre-juicios son previos a la estricta decodificación del mensaje, o sea, a la elaboración de un juicio sobre él por parte del receptor. La Teoría de la Información prueba que todo juicio se alimenta de prejuicios. La decodificación de una contraimagen se elabora gracias a las imágenes previas que se albergen de ella. Así pues, la imagen primera juega con ventaja. Para los que creyeron en la imagen de Hitler elaborada por la propaganda nazi, esa imagen pervive a pesar de la contraimagen impuesta de manera abrumadora por sus vencedores. Y viceversa: Aquellos que hemos recibido como imagen original la del Hitler tiránico, esperpéntico y monstruoso de los campos de concentración nunca podremos admitir su contraimagen, ni siquiera aunque  admiremos (y copiemos) el lenguaje fílmico de Leni Riefenstalh.       La imagen, en el sentido empleado por los mass media y el marketing del Mercado, es enemiga del principio de contradicción, que es uno de los fundamentos del Derecho y del debate democrático. Una imagen es un mensaje que, cuando se percibe, no entra en contradicción con otros mensajes previos, por lo cual se recibe como información original, y que es reforzado por otros mensajes en el mismo sentido.






Todo esto lo corroboraba el gran actor Juan Diego en una entrevista reciente de Jesús Quintero en la televisión pública andaluza (rtva). Como es sabido, Juan Diego es profundamente antifranquista y de izquierdas. Y, sin embargo, logró interpretar a Franco de manera convincente y profunda (en Dragon Rapide, dirigida por Jaime Camino en 1986). Para ello se acordó de la imagen de Franco, la primera imagen, la del retrato que presidía y protegía a los alumnos de  todas las aulas de la escuela española cuando Diego era niño. Y recordó: entonces yo no lo odiaba. Por más repulsivo que le resultase nuestro dictador al adulto, la imagen que percibió el niño seguía teniendo una fuerza tremenda, poderosa. Esa imagen salvó al actor del riesgo de una interpretación flat, plana y superficial, aun en el caso de que no hubiese resultado esperpéntica. Sin ella, el actor no habría podido lograr su propósito de encarnar al personaje con dignidad. La dignidad del actor consiste en representar a un personaje convincente enseñando a la vez que se trata de un  personaje. A pesar de su formidable caracterización, seguimos teniendo al ciudadano Juan Diego por un lado y al actor Juan Diego por otro. Es decir, sabemos que ese Franco es un actor llamado Juan Diego. Sin embargo, en el caso de los personajes que crean los media como EL PAÍS, se pretende que no exista esa separación. Berlusconi es Berlusconi de la misma manera que la rosa es la rosa es la rosa.








Mas a pesar de todos los prejuicios, EL PAÍS, si insiste [y desde luego que ha insistido y sigue insistiendo, todos los días: EL PAÍS tiene un sabueso, Miguel Mora, consagrado en exclusiva al tema (posdata de 10/07/09)], está creando a un monstruo: el único personaje político, tal como están las cosas en Italia, y en especial una cosa llamada "izquierda," con capacidad para derrotar a Berlusconi. A medio o largo plazo, a la hora de votar, los italianos deberán elegir, de manera esquizofrénica, entre dos personajes creados por los media: Berlusconi y Berlusconi, o sea el Berlusconi pintado por los medios afines a él y el Berlusconi descrito por los contrarios. A lo peor (al hilo de comentarios aparecidos en los propios foros digitales de EL PAÍS del tipo "se corre estas juergas porque puede y, si yo pudiera, me las correría también") eligen a los dos a la vez y la contraimagen de EL PAÍS, como en El Gatopardo, sólo ha cambiado algo para no cambiar nada, salvo el oportunista y pasajero beneficio comercial de EL PAÍS. Nunca se ha de olvidar que Italia no es la puritana América de los wasp, capaz de derrocar a un presidente por la simple felación de una becaria, sino que, al igual que en España, nos hallamos más bien en el País de las Maravillas, donde cazzo in culo non fa fanciullo, por otro nombre Sodoma o, su sinónimo, Gomorra, en el sentido que da Roberto Saviano al término. Así es que se puede profetizar que EL PAÍS insistirá, si puede, en la publicación de esas contraimágenes, interpretándolas, como ahora ha hecho, desde el punto de vista político, en el cual el personaje ha borrado los límites entre lo privado y lo público, y no desde el punto de vista de la moralidad privada de Berlusconi, la cual el poderoso medio español dice respetar. Frente al simple "vicios privados, virtudes públicas", EL PAÍS nos ofrece y nos ofrecerá una glosa más retorcida: "vicios o virtudes privadas, que en eso no me meto porque respeto el derecho a la intimidad de las personalidades públicas; vicios públicos porque, en Berluscolandia se ha abolido la diferencia entre lo público y lo privado." La misma abolición entre lo privado y lo público es, de por sí, viciosa y lleva consigo que tanto lo público como lo privado estén llenos de vicios. Debemos, por tanto, prepararnos, sin duda, para una campaña mediática y propagandística contra Berlusconi que aspira a ser, si puede, como la que impuso la contraimagen de Hitler sobre la imagen previa que había elaborado la propaganda nazi o, más modestamente, en nuestro ámbito, como las que consiguieron derrocar a Felipe González y a Aznar-Rajoy. (Bonita democracia la nuestra, valga de nuevo la digresión: a un presidente, Adolfo Suárez, lo derrocaron fuerzas oscuras, el siguiente fue efímero pero a esos últimos, más poderosos, sólo han podido derrocarlos los medios de comunicación)











Y aún hay más. El argumento de la Defensora es triplemente tendencioso. Una vez examinado someramente lo que de verdad se entiende por interés público y por personaje público, o sea, eufemismos para no decir "interés mediático" o de los medios y "personaje mediático", o de interés provocado por los medios, hay que considerar, en tercer lugar, y ya para terminar, lo que en realidad es el acontecimiento con repercusión pública. ¿Cuándo la actividad privada adquiere la dimensión de acontecimiento con repercusión pública? En nuestros días, una situación tan aparentemente poco informativa, según la Teoría de la Información clásica, como la de unos ciudadanos vulgares y corrientes encerrados en una casa comiendo pipas y sosteniendo conversaciones torpes e insustanciales adquiere repercusión pública, si los media deciden enseñarla, mientras que otras situaciones cuyo conocimiento sería de interés para el saneamiento democrático del país no existen en la conciencia colectiva por el mero hecho de que los medios de comunicación no las relatan. Los media imponen la realidad. Su realidad virtual es la realidad. Ante su omnipresente influjo global, la única manera de que la realidad no fuera la definida por los medios de comunicación y sólo por ellos sería no leer periódicos, ni oír la radio, ni ver la televisión, ni conectarse a internet, y tampoco serviría de nada porque siempre vendría alguien, en contacto con ellos, a contárnosla. Sólo donde se encuentre un ciudadano limpio de esas prácticas, podrá decirse que este percibe la realidad a su manera, si es que acaso no lo influyen desde otros púlpitos, y no como los media se la dictan, en el sentido dictatorial del término. Pero cada vez es más difícil, por no decir imposible, aislarse de la contaminación de los media. Sus ondas, sus redes, sus tentáculos llegan hasta el desierto.









Si un ciudadano decide pasar las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio leyendo novelas de caballerías, "su" realidad (o sea, "la" realidad) será la de las novelas de caballerías. A don Quijote, para escapar del mundo alucinante, le habría bastado con salir de su biblioteca ... y fue lo que hizo, sólo que cuando salió era demasiado tarde pues ya se había apoderado de él un fantasma que los psicólogos llaman el pensador independiente, que consiste en que, tras un cierto período de inmersión en una doctrina y sólo en esa doctrina, el receptor es capaz de seguir desarrollándola o recreándola, de manera espontánea y "libre", sin necesidad de ningún adoctrinamiento, como ocurre con los hijos menores manipulados por uno de sus padres para que odien sin fundamento al otro progenitor, del que se hallan aislados, o con los miembros de una secta. A diferencia de don Quijote, nosotros, en cambio, cada vez tenemos menos escapatoria, si es que la tenemos, como ya profetizó Orwell. Y si además, en virtud de nuestros intereses políticos, comerciales, artísticos o de otro tipo, necesitamos realizar una acción pública, entonces no nos quedará más remedio que solicitar la ayuda de los medios de comunicación, que será como entregarle nuestra alma al diablo, pues no controlaremos la creación de nuestro personaje sino que serán los medios los que se ocuparán de él, y gracias ("que hablen de ti, aunque sea mal"). De ahí que los escasos privilegiados que pueden permitírselo, como Berlusconi o los grandes partidos políticos, compren a los medios de comunicación. También puede ser que los media nos elijan, sin que nosotros les hayamos invitado, pero también en ese caso nos conviene llevarnos bien con ellos, más todavía si cabe. Y de añadidura, la propia Defensora del Lector de EL PAÍS se vanagloria de la capacidad de los media para burlar a los tribunales de justicia, que, en este caso, habían secuestrado las fotografías que ha publicado su periódico:






El caso ha puesto de manifiesto lo obsoleto que puede resultar un secuestro judicial cuando los materiales se encuentran en soporte digital. Todos los diarios italianos incluyeron rápidamente enlaces con EL PAÍS para que sus lectores pudieran acceder a las imágenes secuestradas. La publicación de las fotografías está, pues, orientada a satisfacer el derecho de los ciudadanos a recibir información. Y éstos lo han ejercido masivamente.





Que Milagros Pérez Oliva eleve, en el texto citado, a su periódico a guardián de la democracia y de la libertad, entendidas como derecho a la información, por encima de los tribunales de justicia de un país soberano y amigo, no puede ocultar la cantidad de ocasiones en que los media realizan procesos paralelos a los judiciales o  comentan sentencias judiciales de manera tendenciosa, maneras ambas de presionar a los jueces.






A la luz de todo lo cual, la conclusión es evidente: la actividad privada adquiere la dimensión de acontecimiento con repercusión pública cuando a los medios de comunicación les da la gana, los cuales se otorgan a sí mismos el derecho inalienable de restringir el derecho a la intimidad de quien les dé la gana, de manera anárquica y arbitraria, con la prepotencia del Poder definida por Pasolini, tal como lo predica y reconoce nada más y nada menos que la Defensora del Lector de EL PAÍS:




Cuando la actividad privada adquiere la dimensión de acontecimiento con repercusión pública, ese derecho puede quedar restringido.




Que es como si la Defensora del Lector de EL PAÍS nos dijera: “Nosotros, los media, creamos el personaje. Atenta  contra nuestros intereses comerciales cualquier restricción que nos impida explotarlo, incluida la de su intimidad, y eso por dos razones: porque la llamada intimidad del personaje la creamos nosostros, como todo lo que concierne al personaje, y porque, si no podemos escribir sobre él lo que nos dé la gana, ¿qué benefico obtenemos con haberlo promocionado?”, lo que resulta un abuso de los derechos de autor contra el que ya se rebelaron los personajes de Pirandello. En todo caso, que se trate de un "derecho absoluto," el de la intimidad, o de un derecho relativo, al personaje le va a dar lo mismo porque no es él quién decide qué es "absoluto" y qué relativo sino los medios, jueces y parte. 







Unamuno inicia su Vida de Don Quijote y Sancho lamentándose de que nada sabemos de los padres de don Quijote y de otros detalles de la vida íntima del personaje. Pero si lo supiésemos, eso no afectaría en nada a don Quijote, precisamente porque se trata de un personaje, como lo son también Berlusconi o ZP. Nótese que digo ZP, el personaje creado por la factoría publicitaria del PSOE, no José Luis Rodríguez Zapatero. Precisamente Cervantes reflexionó de manera profunda sobre ese problema al diferenciar entre don Quijote y Alonso Quijana, o como se llamase, que Cervantes no lo especifica para evitar que el hidalgo se convierta también en un personaje público, carne de cañón de los “autores” o “cronistas” que, como siempre, pretenden entrometerse en la órbita de lo privado:



Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que de este caso escriben, aunque por conjeturas verisímiles se deja entender que se llamaba Quijana. Pero esto importa poco a nuestro cuento (Quij. I, 1)  



Y EL PAÍS demuestra que escribe en la lengua de Cervantes y que ha asimilado la sabiduría cervantina. Puede hablar con delicadeza del ex presidente Adolfo Suárez, porque la enfermedad ha destruido la conexión entre el personaje y la intimidad de la persona, y adentrarse en la intimidad de ZP hasta donde aconseja la necesaria cercanía del personaje con el consumidor que tiene que comprarlo, o sea votarlo, para no hablar del tratamiento que reciben los personajes de la Casa Real. Otra cosa es Berlusconi. Con él no hay límites, lo cual no quiere decir que ese personaje no los tenga. Pero para encontrarlos hay que remitirse a los medios de comunicación que controla Berlusconi.

 

 








Posdata.-



La conclusión es, pues, desoladora sobre la supuesta libertad, igualdad y fraternidad de la que goza el ciudadano español (o extranjero) en nuestra democracia, en virtud de la presión mediática. Como siempre, el único alivio contra los abusos del poder es el contrapoder, el equilibrio de poderes. Frente a los excesos del poder mediático, siempre se puede recurrir al poder judicial. ¿Pero qué pasa si la doctrina de los jueces supremos es la misma que la de los periodistas supremos, por otro nombre pensamiento único?: 






Pocos días después del escandalo de las fotos de Berlusconi, el Tribunal Supremo (TS) dio la razón a la revista Interviu, que había publicado sin autorización del personaje, una bella mujer, María Reyes, Miss España 1995, una foto en top less en una playa. Argumentaba el TS la misma doctrina que EL PAÍS, que el personaje público es de interés público, lo cual ya hemos visto que es decir poco o nada, salvo exaltar los derechos de autor a costa de los del personaje, o sea, convertir el delirante absurdo de los personajes de Pirandello, a la busca de autor o quejosos de los excesos del autor, en el consagrado pan nuestro de cada día. Y añadía el TS que la exposición de los senos desnudos en una playa es acorde a las convenciones sociales. La trampa está en que Interviu sacó a esos senos de la playa y los expuso en todas partes. Cierto que el personaje estaba en la playa en paños menores. Pero no va así por la calle, mientras que su imagen, gracias al golpe de estado de Interviu, lo quiera o no lo quiera María Reyes, por la gracia del TS, está condenada a pasearse en tetas por la vía pública y por los espacios privados de todo el que se compre la revista o acceda a esa imagen. Interviu usa al personaje con afán de lucro pero de las ganacias no reparte nada con él, puesto que se trata de una foto robada. Con razón en algunas tribus africanas existe el tabú de la imagen, porque consideran que la fotografía roba el alma del personaje representado. Y, a la luz de todo lo expuesto, cuán sabios resultan esos aborígenes.   Lo dice Roberto Saviano, a propósito de la muerte de la periodista rusa Ana Politkovskaia:



Hasta que murió nadie la creyó. Su marido, en una entrevista, dijo que era mejor así, que ella temía más a las calumnias y a las fotos de supuestas orgías que a la muerte. Con la muerte nadie tiene dudas. Las dictaduras matan, las democracias destruyen la imagen.



(Entrevista de Miguel Mora, para EL PAÍS, a Roberto Saviano, en http://www.elpais.com/articulo/cultura/Escribir/cosas/deben/cambiar/hace/ser/apestado/elpepucul/20090630elpepicul_4/Tes, consulta: 30/06/09)

 

Creemos, pues, que las orgías de la martir Politkovskaia son supuestas mientras que las de Berlusconi son reales. Para ello, los únicos criterios de verificación que tenemos son los de la credibilidad que nos merece el emisor de esas infamias. Nótese que, cuando creemos, no podemos ser independientes. La razón por la que, no ha mucho tiempo, la creencia en Dios era universal no se basaba en que todos estuviésemos bautizados sino en que, cuando un bebé recibía el agua bendita y todavía no tenía uso de razón, ya creía en Dios el cura, el alcalde, el juez y, sobre todo, la madre que lo parió. La creencia en Dios puede ponerse en duda sólo en la medida en que esas fuentes hayan perdido autoridad. De la misma manera, la razón más poderosa por la que creemos que los americanos llegaron efectivamente a la luna es porque también se lo creyeron los rusos, entonces sus principales enemigos y competidores. Cada vez más, el medio es el mensaje, a la vez que volvemos a los tiempos de El Quijote, anteriores a la novela moderna, cuando los lectores no podían diferenciar entre crónica y novela, ni entre falsedad y ficción, ni entre verosimilitud y verdad, ni, por tanto, entre verdad y mentira. Para el hidalgo manchego, el Cid, el Gran Capitán, Amadís de Gaula o Reinaldos de Montalban eran lo mismo, aunque unos hubiesen existido mientras que otros sólo fuesen creaciones literarias:


Decía él que el Cid Ruy Díaz había sido muy buen caballero, pero que no tenía que ver con el Caballero de la Ardiente Espada, que de solo un revés había partido por medio dos fieros y descomunales gigantes (Quij. I,1)



Y ahora nosostros sufrimos la misma perpejlidad, confusión o alucinación que el hidalgo manchego. Tampoco podemos diferenciar entre Berlusconi, ZP y don Quijote. Todos son personajes, creaciones de sus poderosos cronistas.

 


BREVE HISTORIA DEL ALMA; 20/05/09








BREVE HISTORIA DEL ALMA

 20/05/09

 

 

 

 

Sabido es que el ser humano es un imitador. Lo mismo imita a la naturaleza que los ejemplos autorizados de sus semejantes, así sean estos amigos o propios como, sobre todo, enemigos o extraños. Para aprender una tarea, el ser inteligente, si puede, la copia mientras que el menos inteligente la inventa (¡aunque pueda copiarla!) en un proceso creativo en principio bastante tosco. La imitación es la principal técnica de aprendizaje y, en concreto, la imitación de los enemigos es, junto a la protección de la intimidad y al engaño, una técnica de supervivencia vital. En ese sentido, es asombrosa la capacidad de mímesis de los ejércitos, cómo los ejércitos se copian los unos a los otros, cómo se parecen, así sea el ejército de los buenos o el de los malos y es natural que así sea. Si el enemigo inventa un arma nueva que le otorga  ventaja, nosotros tenemos dos posibilidades para  no morir: la costosa (crear otra arma aún mejor) y la barata (copiar la nueva arma del enemigo). Y como la gestión de la energía es vital en todas las guerras, pues todas acaban cuando uno de los combatientes se queda sin recursos, cualquier ejército adoptará en principio la solución más barata.  El proceso de imitación es tan intuitivo entre los seres humanos que la mayoría de las veces imitamos sin darnos cuenta. Pero, además, el ejército de los buenos (o sea, el nuestro) nunca querrá reconocer que se ha copiado del ejército de los malos.






La Épica nos lo ilustra desde sus textos más altos a los más trillados. En la Chanson de Roland, los Doce Pares se enfrentan a otros Doce Pares del ejército infiel. La Araucana ensalza a los caudillos indios (de nombres tan sonoros como Lautaro) como manera indirecta de ensalzar a los capitanes de los conquistadores españoles, que es a los que interesa alabar. En la Épica está todo claro. Superman o cualquier otro héroe se enfrenta a un antihéroe de poderes ¡no menores a los suyos! y que, sobre todo, ¡piensa de la misma manera que Superman! y viceversa. Al final, nuestro héroe vence no porque sea el bueno, recto y puro y albergue nobles ideales, ni porque posea armas más potentes que el enemigo sino porque, igual que ocurre con el buen ajedrecista, ha podido prever los gestos del contrario, lo cual quiere decir que sabe pensar de la misma manera que él, o sea, imitarlo. En cambio, en la Política está todo turbio. El PSOE nunca reconocerá que practica la misma política económica del PP (que es la política impuesta a ambos por los bancos), ni menos todavía Bibiana Aído y toda su corte de feministas y feministos se habrán percatado que su manera de pensar, la coherencia de sus ideas y los procesos hermenéuticos que realizan están copiados de los de sus enemigos, los Obispos, en temas tan sensibles como el aborto o el matrimonio homosexual. Aquí tenemos al Ministerio de Igualdad practicando la misma Teología que la Conferencia Episcopal y parece que nadie se ha dado cuenta, ni a nadie le importa. Naturalmente, el Ministerio de Igualdad  nunca querrá reconocer que se ha copiado del ejército de los malos.






En declaraciones a la SER (video consultado el 20 de mayo de 2009 en http://www.publico.es/espana/226412/aido/aborto/feto/ser/humano/vivo), Bibiana Aído distingue entre ser vivo y ser humano y se apoya, para ello, en la Ciencia (un ser vivo, claro [el feto], lo que no podemos hablar es de ser humano porque eso no tiene ninguna base científica).

 

 

 

 

Lamentablemente, esa distinción es cualquier cosa menos científica. Traduce la eterna, anticientífica e interesada distinción entre animales racionales (los humanos) e irracionales (los demás animales, o sea, seres vivos, etimológicamente hablando, que eso quiere decir animal en latín, “ser vivo”). A partir de ahí se establece un debate teológico, que no científico, sobre quién de todos esos animales está dotado de “alma”  y qué tipo de alma. Y como alma quiere decir en latín “principio vital”, es como si discutiésemos sobre si los seres vivos están vivos, o dicho etimológicamente, sobre si los animales están animados por virtud animal (alma), un tipo de debate cuya falsedad lógica y metodológica ya fue ridiculizada por Molière, entre tantos otros, con aquella muletilla del enfermo imaginario (que quería ser doctor) de que el vino hace dormir porque tiene virtud dormitiva. Se lleva a los jinetes y amazonas a una cuadra llena de consuetudinarios caballos de diversos colores y, discutiendo frente a sus narices de qué color era el caballo blanco de Santiago, se niega la blancura de todos los caballos blancos menos el que interese, en este caso el “animal humano.” Superada esa barrera intelectual, ya nada impide predicar, en pasos sucesivos, que sólo los caballos blancos son caballos o, incluso, que las ovejas son caballos. Bastaría, para ello, tan sólo con atribuir "virtud caballuna" a las ovejas, de la misma manera que atribuimos "virtud racional" a los animales de nuestro interés o "virtus dormitiva" a la sustancia que nos amodorra. Ese ilusionismo verbal demuestra, una vez más, que cuanto más gorda y evidente es la mentira, más posibilidades hay de que prospere, como ya sabía la propaganda nazi. Lo sabía pero no lo inventó. Tales artimañas teológicas, como se ve, son antiguas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Teología es importante pues nos autoconcede a los humanos derechos sobre los demás animales, entre los que ahora Aído incluye al feto. Volvemos a la Escolástica, a las malas lecturas medievales de Aristóteles corrompido. Si Santo Tomás de Aquino levantara la cabeza, canonizaría a Aído. Es lo que, paradójicamente, se desprende de tales corrupciones intelectuales, tan llenas de simplismo y reduccionismo como carentes, una vez más, no ya de base científica, sino del mínimo conocimiento sobre lo que significan las palabras en el diccionario (como cuando lo de la “miembra”).

 

 

 

 

 

 

 

Ser humano es el que tiene humanidades, llamadas artes liberales por los antiguos porque eran las artes propias del ser humano libre (música, matemáticas, retórica, gramática, diálectica …). Es de Perogrullo que, en ese sentido, el feto no es un ser humano porque todavía no ha podido ir a la escuela. Pero, si tuviera la suerte de nacer y asistir a la escuela pública española, se duda mucho que obtuviéramos un ser humano, en el verdadero sentido del término, gracias al empeño, compartido por PP y PSOE, de expulsar a las Humanidades de la escuela. Sería tan sólo un ser vivo, reducido a votante, consumidor, parado, mujer o al “género” que le tocase en ese momento, igual que las ranas, que también son seres vivos con capacidad de metamorfosis.

 

 

 

 

 

 

 

En Teología se discutió si los negros tenían alma. A esas alturas del debate, ya de la lengua de todos se habían apoderado unos sacerdotes al servicio del Poder que se dedicaban a resignificar las palabras, como ahora pretende el Feminismo Radical. El pueblo había olvidado que ánima o alma era sólo una perogrullada o tautología para decir que los seres vivos estaban vivos (así fueran negros o blancos)  y el alma había pasado a ser una cosa mística, infundida por el Espíritu Santo a quien compraba la bula de esos sacerdotes para poseerla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como los negros no tenían alma, eso autorizaba a esclavizarlos. En cambio, Las Casas, Victoria y otros teólogos españoles fueron pioneros de los ahora llamados “derechos humanos” al sostener que los indios sí tenían alma, con lo cual insinuaban que eran los conquistadores los desalmados. Ahora, dice Aído que el feto tampoco tiene alma, que la semilla humana es inhumana, o sea, que el caballo blanco de Santiago no es blanco. Y se queda tan ancha.




También los teólogos de la otra orilla, los opositores de Aído, los verdaderos teólogos, han discutido antes que ella qué tipo de alma tenían los no nacidos o los nacidos muertos (abortos). Parece que el Poder (cualquier Poder, sea religioso o laico) no puede existir si no se contradice. Porque, a pesar de su enconada oposición al aborto, la postura de la Teología oficial de la Iglesia Católica es similar a la de Bibiana Aído: el feto o el aborto no tienen el mismo tipo de alma que nosotros, que arderemos en el Infierno o gozaremos con los bienaventurados del Paraíso (tras la purga del Purgatorio o Pulgatorio, que es un lugar incómodo, lleno de pulgas, según mi abuela, que también era teóloga), a diferencia de los seres humanos abortados, a los que sólo les queda una región indefinida y más evanescente aún llamada Limbo. Si los Obispos fueran consecuentes con su "respeto a la vida", el feto (y el aborto) morarían a la derecha de Dios Padre.





Pero es que además, para mayor similitud de la postura intelectual de Bibiana Aído con la de los Obispos, sus palabras, apoyadas en la supuesta autoridad de la Ciencia, repugnan al método científico, enemigo del argumento de autoridad. Según ese argumento, las cosas son como se predican porque esa es la palabra de Dios. Importa poco si ese dios o ídolo autorizado al que se adora sin conciencia crítica es el de los judeocristianos, llamado Yavé, o el de los ateos, llamado Ciencia o Tecnología. El razonamiento es el mismo.  Aído termina su discurso con la consabida muletilla "palabra de Dios", que en su jerga se dice "eso tiene base científica (o la deja de tener)", y espera que, por el mero hecho de haberla insertado, todos contestemos bobaliconamente "te adoramos, Señor", o sea, "sí, Bwana."





La principal contribución de la Ciencia al progreso del ser humano no es, ni mucho menos, una colección de sofisticadas herramientas tecnológicas, entre ellas las armas de destrucción masiva, sino un método de búsqueda y de razonamiento, el método científico, por definición siempre abierto al debate. Según el método científico, ninguna teoría, modelo o discurso, por más probado que nos parezca, se halla eternamente autorizado. Sin embargo (y por poner tan sólo un botón de muestra), cuando el Tribunal Constitucional declaró constitucional a la anticonstitucional (que no ya inconstitucional) Ley Integral de Medidas contra la Violencia de Género, la ministra de Igualdad se apresuró a declarar que esperaba que, tras la sentencia del TC, cesara todo debate u oposición a tan controvertida ley. Einstein no pudo decir que, tras la primera y revolucionaria versión de su Teoría de la Relatividad esperaba que cesara el debate sobre el Universo. Al contrario, él fue el primero que siguió preguntándose. Tampoco Copérnico, Galileo o Miguel Servet esperaban que cesara el debate, sino que fueron los teólogos, los Sumos Sacerdotes, los que quisieron cortarlo de raíz, incluso a costa de la vida o de la libertad de los que, con lucidez científica, hacían tambalearse al Dogma. Resulta, pues, un sarcasmo que la que cada día procede, como tantos otros políticos, de manera opuesta al método científico, se escude precisamente en la supuesta "base científica" de lo que dice (aunque lo que dijese la tuviera, que no es el caso).


 



Vista hoy, la solución teológica de Bartolomé de las Casas resulta por lo menos pintoresca: como los indios eran seres humanos, la cosa se arreglaba sustituyéndolos por negros a la hora de explotar las minas y demás tareas civilizadoras y progresistas (los conquistadores llevaron el progreso a América, como ahora nos lo trae la Ideología de Género a España). De la misma manera, propone el Gobierno otorgar seguridad jurídica a unos seres humanos llamados niñas de 16 años, incluso por encima de sus padres (también seres humanos al parecer, pero menos, pues no tienen vela en ese entierro), a costa  de otros animales a los que se les quita la carta de humanidad. Entonces, los negros. Ahora, el feto.




Si el feto está vivo o muerto, eso es lo que sabe la Ciencia. Sabemos, si hablamos de Política, que es de lo que  Aído tiene que hablar, que el feto es un ser humano, en la medida en que sus progenitores lo seamos. Si no lo es, entonces nosotros tampoco lo somos porque, como dice El Quijote, cada cosa engendra su semejante.




Pero los seres humanos hemos construido un mundo deshumanizado en el cual ya cada cosa no necesariamente engendra su semejante sino que puede poseer una capacidad monstruosa para mutar. Y así, por ejemplo, un virus porcino o aviar puede convertirse en un virus humano. Podemos clonar ovejas, camino que nos lleva a clonar seres humanos, camino que nos lleva a clonar seres humanos con información genética de las ovejas, lo cual, lo transgénico, en Agricultura ya hace mucho que se inventó y se practica. Malos tiempos para la lírica, o sea, para el feto.





La conclusión evidente es que todos los seres vivos están vivos pero hay unos más “vivos” que otros, en la acepción nº 6 del Diccionario de la Academia (vivo.- Listo, que aprovecha las circunstancias y sabe actuar en beneficio propio). Conviene precisar: más viva entre los vivos está una parte de los seres humanos (se excluye al feto o a los maltratadores) y, entre esos elegidos, aún más vivales que los demás Bibiana Aído y su Ministerio de Teología. Pero esto ya lo ilustró Orwell en Rebelión en la Granja: Todos los animales son iguales pero algunos son más iguales que otros. Que es lo que la ministra entiende por igualdad, así resignificada teológicamente por el Ministerio de Propaganda del que es titular. Porque hay vivos y humanos pero tampoco todos los humanos son iguales, sino que  unos son más "iguales" que otros (la niña de 16 años frente a sus padres, y no digamos frente al feto, o la mujer frente al hombre enfrentados al mismo reprobable acto, considerado falta o delito según sea una u otro quien lo cometa). Como la Teología de la Discriminación Positiva, aplicable a hombres y mujeres, resultaba ahora un poco exagerada para discriminar positivamente a ciertos seres vivos con autoridad para matar al feto, se ha recurrido a otra teología más añeja, de eficacia probada a lo largo de siglos, la Teología de los Seres Vivos o Teología del Alma.





¿Pero Orwell era un fabulista o un profeta? ¿Parodió en Rebelión en la Granja al Stalinismo o a nuestro Ministerio de Igualdad?




Precisemos, por último, que, en contra de lo que pueda parecer, este no es un artículo antiabortista sino contra las mentiras del Poder. Esas mentiras son simples. Poderosas por doble motivo: por simples y por proceder de donde proceden, del Poder, que queda así deslegitimado al convertir la autoridad en autoritarismo. La auctoritas latina consiste en que el pueblo sigue al que le da buenos ejemplos, como es el caso del escritor clásico digno de ser imitado o citado en el Diccionario de Autoridades, o del juez de menores de Granada Emilio Calatayud y sus sentencias ejemplares, o del sheriff que en Estados Unidos se ha negado a seguir practicando deshaucios injustos, o del buen padre (que no es un colega de sus hijos). Como hemos dicho al principio, el pueblo sigue o imita al que le da buenos ejemplos ¡aunque sea su enemigo! pero no puede seguir a su propio príncipe  cuando este, degenerado de princesa a miembra, no sabe ni siquiera emplear la lengua de todos o pretende manipularla. En su verdadero sentido, la Autoridad es fuente de ilustración y de diversidad creadora, de biodiversidad, pero se convierte en Pensamiento Único cuando el Poder te deja pensar lo que quieras, democráticamente, a condición de que pienses a su manera, con sus herramientas, mediante el cauce lógico y metodológico que impone, aunque este sea tautológico, en un proceso similar de lavado de cerebro al que la Psicología ha llamado el pensador independiente, a propósito de esos niños manipulados por uno de sus progenitores para que odien sin fundamento al otro progenitor. Autoridad mal entendida la de los Obispos y la de Bibiana Aído, que son tal para cual y se retroalimentan en un perverso proceso de feedback del tipo "y tú más", similar al que practican el PP y el PSOE para escaquearse de la tremenda corrupción que ambos practican. Aído y los Obispos tienen la misma manera de pensar (viciosa, en Lógica y en Etimología, y no digamos en Ciencia), aunque les lleve a conclusiones opuestas. Y en medio del fuego cruzado entre dos Poderes con el mismo discurso y las mismas armas (Las Feministas Radicales contra la Iglesia, el PP contra el PSOE, el poder político contra el judicial, etc) quedamos nosotros, el pueblo, y nuestros hijos (nacidos, engendrados, abortados o por engendrar) sufriendo los daños colaterales, o sea, palos por todos lados, obligados a alimentar y sufrir a los ejércitos de los dos bandos. Por eso nunca se valorará como merece a la Epistemología, que trata no de lo que se piensa sino de cómo se piensa. Nunca debemos dejar de afinar y de examinar las armas del pensamiento humano. La Epistemología es el arma más preciosa para la libertad.






SOLDADITO ESPAÑOL






SOLDADITO ESPAÑOL EN DOBLE CONFLICTO, 08/01/09

 

 

 

Soy un soldadito español. Tengo un doble conflicto, bélico e interpretativo. Estoy metido en un fregado, en Afganistán o en Líbano, al que la ministra de defensa llama conflicto. Y el nuevo código de conducta de la ministra me pide que aplique el principio de distinción, pedante término (para pedanterías estoy yo ahora) que me obliga a distinguir entre combatientes y no combatientes. En aplicación del principio, lo primero que tengo claro es que soy un combatiente, que el ejército no es una ONG y que mi misión (la mía) es salir vivo de este fregado e ir cobrando mi nómina. Antes mi vida que la de cualquier desconocido, llamado el enemigo, aunque sea un niño, una mujer o un gato. En caso de duda, primero dispara y luego pregunta, y aun después aplica el principio de distinción y todo lo que haga falta, así ha sido siempre y así será en todos los conflictos armados. O dicho más claramente: a la ministra de la guerra, su principio de distinción le resultaría infalible, si ella misma se lo aplicara y, en vez de combatientes, mandara otra clase de recursos humanos a los conflictos. Porque, si envía soldaditos y soldaditas armados, siempre correrá el riesgo de que, en vez de a un talibán, matemos a una talibana o a un talibancito, que ya se sabe que las armas las carga el diablo, digan lo que digan las nuevas ordenanzas.

 

 

 

El llamado por la ministra principio de limitación también está bien. Me impide emplear algunas armas repugnantes, según la ministra, para la conciencia moderna, la de la ministra. Qué lástima que nuestra ministra de defensa no pueda imponer el principio de limitación al enemigo. Yo no puedo emplear ciertas armas para que la ministra, tan pacifista ella, tenga la conciencia tranquila pero el enemigo sí que puede. Puestos así, ¿por qué no disolvemos el ejército? O dejamos de jugar todos, o se rompe la baraja.  Leo un libro, de un tal Machiavelo, que me aconseja ser un hijoputa, que no respete la palabra dada (por cierto, es lo que hacen los políticos). Y comenta el autor: este principio, en sí, no es bueno. Pero como los otros príncipes tampoco te respetarán la palabra que te han dado a ti, por eso mismo tú tampoco tienes que respetársela a ellos. Si esas son las reglas de la paz o diplomacia, como Machiavelo constata, que no impone, y así han seguido siendo después de él, no entiendo nada. Ahora resulta que hay que ser malos, maquiavélicos en la paz y buenos, unos angelitos en la guerra.

 

 

 

Gran consuelo será para mis muertos (los que me cargue, defendiendo la paz) saber, si es que pueden saberlo en otro mundo, que les quité la vida con un fusil que dispara tanto, que ni me da tiempo a contar las balas, en vez de con una bomba de racimo. Si matase a un niño, por aquello de los daños colaterales, le diría a sus padres: me lo cargué con un fusil o una bayoneta o estrangulándolo con mis propias manos, no con una repugnante bomba de racimo, soy humanitario, tengo conciencia moderna. Y también las minas  antipersona es verdad que son rastreras, nunca mejor dicho. Pero para esa conciencia moderna, la de la ministra, por lo que parece, lo tranquilizador es matar con la guillotina en vez de con el garrote vil, por ejemplo, aunque, a fin de cuentas, seguir matando. Porque, por mucha conciencia que tengamos, o comemos o nos comen, así es la vida. Disolver el ejército y solucionar nuestros conflictos mediante la diplomacia, tan maquiavélica ella, eso no, que el ejército es fuente de trabajo, un activo para la economía, según nos acaba de recordar el comandante general de Baleares, y tiene toda la razón porque el oficio más viejo del mundo es el comercio y, a la vez que él, para protegerlo, nació el ejército, como lo saben bien todas las mafias y todos los estados, aunque a alguna ministra de defensa le dé por hablar de armas que repugnan a la conciencia moderna. Y si no fuera por las guerras y otras calamidades, nuestra especie se habría cargado el planeta hace no sé cuánto tiempo porque, de no matarnos entre nosotros, lo de la superpoblación, oiga, ya sería un abuso. La especie humana se autorregula mediante las guerras pues no lo sabe hacer de otra manera. Para resumir, lo que queda, a pesar de tanta mojigatería progre, es la sospecha de que, si Franco hubiera logrado hacerse con la bomba atómica, los socialistas ahora no la desdeñarían. Siempre habrá damas de alta alcurnia dedicadas a la caridad en sus ratos libres, como Lady Di o Carme Chacón, que, privándonos de las bombas de racimo o de las minas antipersona, si es que nos privan, salvarán a algunos pobres desgraciados, si es que los salvan, a la vez que dejan nuestro arsenal prácticamente intacto y nuestra conciencia moderna más intacta todavía y el status quo todavía más intacto.





Pero es que resulta que España, a la vez que se permite darle lecciones de moral a Israel, que es a lo que viene a parar, en estos días, el famoso principio de limitación, por otra parte le vende armas a Israel. Cierto es que las armas que España le vende no deben ser de las que repugnan a la conciencia moderna, por emplear, una vez más, las irritantes palabras literales de la ministra de defensa en su discurso de la Pascua Militar, en el cual ha tenido ese cinismo de dividir las armas en dos categorías: las que repugnan y las que no. O sea, las que España vende y las que no, siendo estas últimas, presumiblemente, las repugnantes para la ministra. Mismas categorias que aplicar, por otra parte, a las armas que España le compra a Israel.







 

Principio de distinción e ídem de limitación riman con Carme Chacón. Pero, por otra parte, en el nuevo código de conducta de la ministra está la revisión del principio de obediencia. Ya no estoy obligado a obedecer a mis jefes, si lo que me ordenan es delito. Pero claro, qué es delito y qué no, en el ejército, y más en acción de guerra, es algo orientador y aproximativo, igual que los temarios para entrar a la banda de música militar de hace unos años. Había una prueba de cultura general: la unificación política de Italia y Alemania, pero a muchos desgraciados (o elegidos para la gloria) les preguntaron la lista de los reyes godos. Algunos de ellos, temerarios, objetaron que era “delito” saltarse el programa y un militar chusquero les contestó: ah, bueno, pero es que el programa que habíamos indicado era sólo orientador y aproximativo. Y aquel sargento chusquero tenía razón. Matar, por ejemplo, es un delito contemplado en el código penal (y aún en la ley de dios) pero en el ejército nos dedicamos precisamente a matar al enemigo. Además, dice también el nuevo código de conducta para los militares, de la Sra. Chacón, que, cuando en una misión bélica, me ordenen un delito, primero tengo que obedecer y luego puedo objetar. Así cometeré delitos con la conciencia tranquila. En definitiva, los militares seguiremos cometiendo delitos (al menos, desde el punto de vista del enemigo) pero con el principio de autoridad socavado, que es una manera de cargarse nuestro ejército, como la familia tradicional o como la escuela, siempre de la misma forma, esto es, desautorizando a los poderes tradicionales de esas instituciones arcaicas, fachas y superables. Volviendo al tema de los delitos, antes de venir aquí en misión humanitaria, estuve en el cine. Vi una vieja película: Un crimen te convierte en criminal, mil en un héroe. Eso decían en ella. Lo decía un tal Charles Chaplin, Monsieur Verdoux, con amarga ironía. Pero cuánta razón tenía el puñetero.

 

 

 

Con estos nuevos principios (de distinción y de limitación), más la revisión del viejo principio de obediencia, la intención es que nuestro ejército no emprenda acciones desproporcionadas, como dicen ZP y Chacón que las cometen los malos contra los extranjeros. Ahora, los israelíes. Antes y ahora, los yanquis en Iraq. Pero para acción desproporcionada, alentada por el propio Zapatero, la del Estado Español contra sus propios ciudadanos, con esa ley patriótica que impide darle una colleja a tu hijo, merced a la cual una madre jiennense estará alejada  de su hijo (y viceversa) durante mucho tiempo. Ese era el parecer, en un reciente artículo sobre educación en El País, de una voz tan autorizada y poco sospechosa como la del juez de menores de Granada Emilio Calatayud, que la sentencia era desproporcionada:  Supongo que la condena se ha fundamentado en el artículo 173, pero quizá habría que volver a redactarlo. Para no hablar de la ley de la que no se puede hablar, mediante la cual primero se dispara y luego se pregunta aunque, en este caso, no haya ninguna duda: todo varón es un maltratador en potencia; si una mujer dice que ha pasado al acto, nada más natural, es lo que se espera de él, de la misma manera que del enemigo espero que me ofenda, si puede, y, por cierto, el enemigo -como el varón machista, o sea, cualquier varón, según la ley- es una fuerza oscura, donde también hay mujeres,  niños y hasta gatos o delfines entrenados para dejar una bomba bajo mi barco de guerra. Y, sin embargo, en la guerra, el principio de distinción me obliga a discriminar, en medio del fregado, entre combatientes y no combatientes pero, en la paz, no hay ningún principio de ese tipo que aplicar: todos maltratadores, salvo Zapatero, dicen las feministas radicales (y la ley), igual que los machistas repugnantes dicen eso de todas putas, salvo mi madre y mi hermana.  Ante cualquier denuncia, los demás varones (y aun mujeres) deben sentirse culpables, reprimirse y reprimir y, de manera automática y protocolaria, inaudita parte, ejercer penas (como la de alejamiento o de prisión) contra cualquier varón denunciado por su mujer o ex mujer y luego, sin demasiada prisa o sin ninguna, averiguar si efectivamente hemos trincado a un maltratador, lo que propicia las denuncias falsas, que tanto daño están haciendo a la ley y a las verdaderas víctimas (pues las que denuncian en falso ocupan recursos necesarios –y escasos- para atender a las verdaderas).





Sumido en doble conflicto, si salgo de ellos, creo que dejaré el ejército y entraré en la policía, obligada a menos principios, que en algo hay que trabajar, sobre todo ahora, que está tan mal el empleo. Aunque las que están bien colocadas son las ministras de defensa y la de igualdad. A ellas no les faltará el trabajo porque siempre existirán tanto el enemigo como los maltratadores (sobre todo, con leyes como la integral de medidas contra la violencia de género, que es la mejor manera de que se perpetúe y aun aumente el número de estos, y a los datos me remito). Pensándolo mejor, seguiré en el ejército. Le he cogido cariño a la bandera. Y, por mucho principio de distinción que la ministra ponga, siempre resultará más barato matar a un no combatiente enemigo que a un combatiente amigo, de la misma manera que trincar al enemigo, o sea al varón (así sea maltratador o ni lo piense), sale gratis tanto a la denunciante en falso como a los funcionarios que siguen el protocolo, incluso ante denuncias falsas a simple vista. Esos funcionarios sólo obedecen órdenes, que también ellos tienen familia, y ni siquiera tienen luego que objetar, aunque el cumplimiento de esas órdenes algunas veces resulte un despropósito.





Lo progre, en cualquier caso, es socavar el principio de autoridad. Se ha quitado autoridad a los maestros, se le ha quitado a los padres y ahora se le quita a los mandos militares. También, durante la revolución rusa, puestos a quitar autoridad, se le quitó a los músicos, haciendo que las orquestas tocaran sin director. Paradójicamente, la supuesta abolición del principio de autoridad, lo que trajo consigo fue la dictadura: caos, abusos, miseria, mala optimización de los recursos y pensamiento único (tanto en las orquestas como en el resto de la sociedad soviética). Y sólo soy soldadito. No lo digo por mandar. Pero hasta yo me doy cuenta de todo eso.

 

 


FELICITACIÓN DE NAVIDAD, 18/12/2008






http://www.publico.es/espana/184259/alfonso/guerra/felicita/navidad/diputados/psoe/traicionado





"Felicitación de Navidad de Alfonso Guerra al PSOE: "Hemos traicionado todo"


 

 


 

 

El presidente de la Comisión Constitucional del Congreso, fiel a su tradición, ha felicitado a los diputados socialistas con un texto sobre la estupidez humana y los delirios de grandeza

 

 

 

AGENCIAS- Madrid - 17/12/2008 20:10

 

 

 

El presidente de la Comisión Constitucional del Congreso, Alfonso Guerra, fiel a su tradición ha felicitado la Navidad a sus compañeros socialistas con el extracto de un texto literario. En esta ocasión ha elegido al Premio Cervantes 2002, José Jiménez Lozano, del que reproduce unos párrafos sobre la estupidez humana y los delirios de grandeza recogidos en las obras Extraño mundo el nuestro y Advenimientos.

 

Este particular 'christmas' literario, que ocupa apenas cuatro cuartillas comienza con una reflexión sobre lo que Jiménez Lozano considera "los dos instantes más altos de la cultura humana", los que antecedieron a la muerte de Sócrates y Jesús, y a los que alude en 'Extraño mundo el nuestro'.

 

"Obligan, o han obligado al menos a los hombres durante veinte siglos, a reflexiones sobre sí mismos y sobre el rumbo de la Historia que todavía podrían salvarnos del descendimiento a lo oscuro en que parece decidido nuestro propio tiempo", escribe Jiménez Lozano, vallisoletano de adopción que cuenta entre sus admiradores con el ex presidente del Gobierno José María Aznar ... ...”


Diario Público, versión digital, consultada el 18/12/08

 

 

 

 

 

 

Es propio del antiguo régimen el sacar a paseo “por las acostumbradas calles” a delincuentes, brujas y presos políticos, disfrazados ridículamente y con el verdugo azotándoles, para edificación del pueblo y ostentación del poder supremo. La democracia, en cambio, no hace tal. Lo que sí hace es pasear a los condenados por los mass media para que el foro se mofe de ellos o, en el mejor de los casos, emita su juicio, sin otra información que la que proporcionan esos medios, lo cual viene a ser lo mismo, nuestra versión del paseíllo en estos tiempos de la aldea global en que los ciudadanos se hallan interconectados a nivel planetario gracias a la Red pero desconocen a su vecino e incluso a su hijo, por no decir a sí mismos. Así, regresamos a la Edad Media y no se olvide que la revolución de los humanistas no fue otra cosa que el ansia de beber, como los ciervos, en las fuentes. Por eso, criticaron los abusos del comentario que opina con desdén al texto-fuente, sustituyéndolo por el texto-mentira o, como  decían los humanistas (Valla, Nebrija ...), por el texto corrupto.






En esta noticia, Público saca a paseo a Alfonso Guerra, como en otras a los aborígenes australianos, o en otras a los maltratadores o a Alfredo Landa, por haber alabado a ese maltratatador mediático que es Jiménez Losantos, al que también se saca de paseo. Se nos dice aquí, casi de manera subliminal, que Aznar, o sea, el diablo, admira al autor elegido por Guerra. ¿Y eso qué tiene que ver con la noticia? ¿Pierde un átomo de verdad El Quijote porque lo haya leído Hitler, si es que lo leyó? Lo que se nos dice de Aznar-Guerra resuena bien en la mentalidad oscura y del  medievo de algunos lectores de este periódico digital, cuando, en el foro, protestan porque los que no comparten la línea editorial de Público lo lean, lo cual se sabe gracias a que los otros tienen la osadía de dejar también sus comentarios, lo que origina una polifonía disonante que no es del gusto de las adoctrinadas orejas. (La polifonía –música a muchas voces- es un invento medieval: Es posible, como pasaba entonces, que todos hablen sin que por eso haya democracia. Para ello, es necesario que los comentaristas sean unos ignorantes, que no  sepan beber en las fuentes, que carezcan de  verdadera información,  sustituida por la versión textual del Informador Supremo,  en aras del interés del poder por maleducarlos. Y  así vendríamos a parar a la escuela, a la educación pública, que ha desterrado precisamente a las humanidades. Pero eso lo dejo para la navidad del año que viene.)

 

 

 

 

Han traicionado todo, en efecto. Hasta su propio nombre.  Por lo menos la mitad de sus siglas (SO ... ¡SOS!). Cuando un señor (dicho sea con respeto e incluso con sincero agradecimiento a ese señor por todo lo bueno que también nos ha dado) que tuvo altas responsabilidades en un gobierno y en un partido que terminaron ahogados por la corrupción se permite el lujo de, mediante textos verosímiles, dar lecciones de moral a sus continuadores en el gobierno y en el partido, eso dice muy poco a favor de sus continuadores. Porque no es la primera vez que el político retirado de la primera línea del poder las canta así de claras. Hace un tiempo,  Alfonso Guerra tuvo la osadía de manifestarse en contra de los excesos del feminismo radical. Y también entonces, como dice la zarzuela (el género chico, no el palacio real), tenía razón.

 

 

 

 

Al poder medieval le gustaban mucho las procesiones, como modo de promoción de su poder. Frente a las procesiones de los desterrados, caídos en desgracia, se situaban las de los propios poderosos, llenas de pompa y decoro, como todavía vemos hoy en la Semana Santa. Y así, en justa correspondencia, hay otro tipo de noticias, en los mass media, que pasean a los poderosos y a sus elegidos para promocionarlos. No hay más que ver el telediario de la televisión pública para saber quién está en el gobierno. Y visitar el resto de medios de comunicación para percibir, según las procesiones de noticias que nos ofrecen, el tufo del poder al que sustentan y del que ellos forman parte.

 

 

 

 

Si agrupamos las noticias que los medios nos venden en estos dos tipos de procesiones, ¿qué nos queda de verdadera información?

 

¿PARA QUÉ REFORMAR LA CONSTITUCIÓN? 06/12/08





De lo constitucional, lo inconstitucional, lo anticonstitucional y lo paraconstitucional

 

 

 

 

Malos tiempos para la lírica constitucional desde el 11S, esto es, para las libertades del pueblo. El ansia de seguridad, inspirada por el miedo, se opone a la libertad, a la fluidez, al movimiento, así sea de los ciudadanos, las mercancías, el dinero o simplemente las palabras (la famosa libertad de expresión). Pero, si quisiéramos estar totalmente seguros de que ningún terrorista va a subir a nuestro avión, el embarque sería tan lento, que ya no convendría usar ese medio de transporte. La regla es: cuantas más medidas de seguridad, más lentitud, menos fluidez. Una vez que hemos entrado en ese juego, el de la seguridad, las medidas que la refuerzan podrían ser infinitas. Siempre podría encontrarse una más a añadir, que reforzase nuestra seguridad. Así me lo enseñaba, off the record, un amigo de la infancia, guardia civil que tenía responsabilidades en el aeropuerto de Barcelona en los mejores tiempos de la histeria. Por eso, concluía, a partir de determinado momento, no nos queda otra que fiarnos, tener confianza (esa que tanto se echa en falta ahora en los mercados financieros), o no despegamos nunca. El tren compite con el avión aligerando el embarque (o sea, las medidas de seguridad) aún después de que los atentados en los aviones se hayan reproducido en el metro y en el tren de cercanías. Imagínense las mismas medidas de seguridad que en EEUU se aplican para montar en avión, tras el 11S, llevadas a la práctica en el metro de una gran ciudad en hora punta o incluso en el AVE Madrid-Barcelona: la gente pasaría del AVE y se iría al puente aéreo. A lo que vamos es que la diferencia entre democracia y libertad, por una parte, frente a dictadura y tiranía, por otra, suele corresponderse con la que se da entre movimiento (de las personas, del dinero, de las palabras) frente a inmovilidad. En la dictadura están todos quietos porque el que se mueve o toma iniciativas se la juega, ya que la calle es del dictador. La comunicación circula en dirección única (es decir, que no se da verdadera comunicación), ya que el emisor es el poder, el receptor el pueblo, y el medio o canal a través del que circula y se transmite el mensaje (o sea, la calle) también está en manos del poder. Por eso, los abusos de la tiranía todo lo amodorran, lo pervierten, lo inmovilizan, como la muerte o como el agua mansa, corrupta si no fuera por las corrientes profundas: La heroica ciudad dormía la siesta; Vetusta, la muy noble y leal ciudad, hacía la digestión del cocido y de la olla podrida ...

 

 

 

Malos tiempos para lo constitucional, es decir, para lo que dice la Constitución. Una vez que los terroristas han hecho su oficio, el poder aprovecha para mangonear más a gusto, sin los mecanismos democráticos de control del poder, aliándose con los terroristas para alentar el miedo pues, en aras de su seguridad, el pueblo acepta encantado que le corten las alas.  No es necesario entonces reformar una Constitución democrática porque se pueden hacer leyes anticonstitucionales que chirríen con ella, como la Patriot act en EEUU, o bien se pueden hacer las cosas en mundos paralelos, paraconstitucionales o aconstitucionales, como Guantánamo. Si hay miedo, incluso se pueden hacer a cara descubierta, con toda la parafernalia propagandística que el poder tiene siempre a su alcance, en un contexto que pillará a los ciudadanos más preocupados por el pan y la seguridad de sus hijos. O lo que es lo mismo, con más ánimo para beberse los cotilleos sobre la Pantoja, los juegos olímpicos o lo que toque, que para preocuparse por el Ministerio de Igualdad. Porque, cuando las cosas se ponen así, todo el mundo sigue el famoso consejo de Franco (haga como yo, no se meta en política) y el poder puede plantear, por ejemplo,  como ya hicieron los nazis, un ministerio de propaganda que controle al Gobierno antes que el Congreso de los Diputados. A la mayoría le parecerá de perlas, asustada por el diablo, que le dicen los curas, llamado maltratador por los laicos. Por eso, sin esconder sus intenciones, Zapatero pudo publicarlo con orgullo y a los cuatro vientos, en una entrevista a El País:

 

que un Ministerio de Igualdad sea el garante en el Consejo de Ministros de la aplicación de las leyes, el que tiene que supervisar, vigilar, estimular, promover que todo el armazón normativo y que las decisiones que hemos tomado sobre igualdad se hagan realidad, me parece imprescindible y absolutamente necesario.

 

Más adelante veremos a qué le llama Zapatero igualdad, igualdad orgánica, suponemos, pues es lo mismo que a lo que Franco le llamaba democracia (democracia orgánica, que decía el Caudillo de España por la gracia de Dios).

 

 

 

 

Pero eso es sólo el principio. En España estamos en las mismas o peor que en Estados Unidos. El terrorismo desestabiliza la situación política general mediante un asesinato particular, cometido de manera estratégica e indiscriminada; hasta tal punto que, como los mafiosos de El Padrino, el terrorista podría decirles a sus víctimas:no es nada personal, son negocios (y hasta tal punto puede no ser personal, que los terroristas del 11S no podían conocer de antemano el nombre y apellidos de sus víctimas). La principal razón por la que puede percibirse que el terrorismo etarra está derrotado (y no me refiero a una derrota moral, sino a la inviabilidad política de ese proyecto terrorista) es porque los etarras sí odian cordialmente a los txakurras, sus víctimas. Según todo esto, no se puede entender por qué el maltratador doméstico es un terrorista: va a lo suyo, su víctima no es indiscriminada y la situación política le importa un bledo cuando se obceca hasta el asesinato. Respuesta del feminismo radical, ahora en el poder: Porque lo personal es político. Pero esa máxima es verdad en el antiguo régimen autoritario, del que procede la monarquía, dicho sea de paso, no en la democracia. Ejemplo: un matrimonio homosexual no es un acto político, sino la decisión de dos particulares, que no concierne a nadie más, ejercida dentro de un marco de libertades democráticas. Pero imaginemos que el príncipe Felipe fuera homosexual y hubiera decidido casarse con un hombre. Eso sí sería político. De la misma manera, por lo demás, que al casarse con una mujer (la modelo noruega no, esta otra tampoco, Leticia sí, etc). De hecho, la institución del matrimonio ha sido, y sigue siendo, en los regímenes no democráticos, un acto político de conveniencia, antes que personal según el deseo de los conyuges, ya que la aprobación e incluso la elección de la pareja formadora de un matrimonio pertenece al patriarcado. En España, en 1806, Leandro Fernández de Moratín  se ocupaba del problema, en su comedia El sí de las niñas, que, evidentemente, no era un sí personal y soberano sino condicionado políticamente.  El feminismo radical ha pervertido lo personal, como en las dictaduras, argumentando que es político. Pero una cosa es que el voto, el matrimonio, el aborto, etc sean derechos (necesitados, por tanto, como los deberes, de regulación política) y otra muy diferente que esos derechos se ejercen de manera personal: voto a quien me da la gana, sin enseñar públicamente mi papeleta antes de meterla en la urna, como se hace en la dictadura de Guinea Ecuatorial, me caso con quien quiero y aborto si mi supuesto se contempla en la ley. Así, el feminismo radical ha podido sacar adelante leyes anticonstitucionales, como la de violencia de género, cuyo texto, al discriminar al hombre, choca con el art. 14 de la Constitución, que dice que ningún ciudadano podrá ser discriminado por razón de sexo. Pero nos la han colado porque el maltratador no tiene sexo, por ser el diablo, gracias al miedo y a la preocupación por la seguridad. Para lograr eso, y bien que lo ha logrado, el poder necesita mantener una campaña constante de demonización del varón, por el hecho de serlo, basada en la mayor de las mentiras, que es la que Lope de Vega llama engañar con la verdad en su Arte nuevo de hacer comedias, ya que la verdad de que hay maltratadores esconde y niega la verdad silenciada de que existen otras formas de violencia doméstica, otras víctimas, en especial los niños, pero también los ancianos y los propios  varones. El diablo no tiene sexo porque es un ángel caído y los ángeles, nos enseñaban los teólogos (del antiguo régimen), no lo tienen. Así es que la teología del feminismo radical coincide con la de los curas, que son la máxima encarnación del patriarcado. Los extremos se tocan.

 

 

 

Para consuelo del sexo masculino, siempre le quedará el aliento de poder escapar a su condición irrefrenable de demonio ¡Los milagros existen, aleluya! Miguel Lorente nos lo enseña:¡el hombre no nace, se hace! O sea, lo mismo que decía sobre la mujer Santa Simone de Beauvoir, que está en los cielos, canonizada por el feminismo socialista. Una moderna teoría científica afirma que no existe el universo, sino el multiverso, muchos universos paralelos, incomunicados, sin la menor posibilidad de contacto entre ellos. Lo seguro es que existe el multiparaíso: el de los curas, el de las feministas radicales, el de los nazis ... Constatado lo cual, no se entiende por qué quedan ateos, o incluso agnósticos, ya que posibilidades para comulgar (con hostias, con ruedas de molino, con igualdad orgánica ...) no nos faltan. Como no nacemos hombres, siempre nos queda la posibilidad de hacernos mujeres o ángeles o hermafroditas. Por desgracia, caídos de la higuera, o de los cielos, como el ángel caído, la ciencia nos muestra que lo que distingue por naturaleza al hombre y la mujer va más allá de la presencia o ausencia del pene, por lo cual, por ejemplo, no ha resultado comercial venderles exactamente los mismos juguetes a los niños y a las niñas. El hombre y la mujer nacen, como saben todas las comadronas, aunque eso no quita para que, al margen del sexo, se pueda educar a un ser humano como hombre, que es lo que pretende Lorente con su teoría de la nueva masculinidad, como mujer, que es lo que también pretende Lorente (mujer militante, podríamos decir, a semejanza de la iglesia militante de los teólogos, que está en la tierra, complementada por la iglesia triunfante, que está en el cielo), o simplemente se le puede educar como ciudadano libre de un estado democrático, en verdadera igualdad, al margen de su sexo. ¿Por qué no probamos a educarlo así y nos dejamos de  teologías, incluida la teología feminoide, y de ideología, aun la infalible ideología de género, y de igualdad, aunque se trate de la no menos infalible igualdad orgánica? Pues porque entonces la iglesia triunfante del señor Lorente ya no podría carburar. Nos contaba mi padre, gran narrador de historias, que en su aldea, un odioso patriarca machista, harto de legitimar sólo a hijas, decidió que a su siguiente retoño le llamaría Perico. Resultó ser otra niña y el padre la llamaba Perico. Era ya una mujer hecha y derecha y, según mi padre, muy hermosa, y la gente la seguía llamando Perico, lo cual a ella le molestaba mucho. Podremos, acaso, cambiarnos de sexo -y de nombre- pero antes, por lo normal, nacemos necesariamente varones o mujeres, y luego nos vamos haciendo. Por lo que parece, sólo Miguel Lorente nació asexuado y se ha hecho hombre sin necesidad de ninguna transformación. De ahí su sensibilidad radical con la causa feminista. En definitiva, a lo que se nos pretende llevar es a abolir la eterna distinción de la cultura de Occidente entre naturaleza y cultura. No existe la naturaleza, todo es cultura. Por eso es imposible nacer (o nacer de una determinada manera -hombre o mujer, rico o pobre, etc- no predetermina absolutamente nada, porque todo es hacerse). Y en esto, la teología del feminismo radical vuelve a coincidir con la teología del patriarcado, o sea, de los curas, en su versión más represiva, cuando anatemizaba la naturaleza y el cuerpo humano, llamados en su jerga el mundo y la carne, como ilusiones del demonio. Con este planteamiento, ya se comprende que Zapatero haya sustituido el Ministerio de Medio Ambiente (que se ocupa de la naturaleza, desdeñable para sus teólogos) por el Ministerio de Igualdad Orgánica, mucho más necesario para combatir el cambio climático, que ha de ser, ante todo, un cambio espiritual, predicado con manso talante.

 

 

 

 

Ley, la de violencia de género, anticonstitucional pero no inconstitucional, según el TC, distinción a la que no nos quedará más remedio que acogernos. Porque una cosa es que asumamos, aceptemos y respetemos con gusto la decisión de tan alta instancia, ya que no nos queda otra, entre otros motivos porque ese tribunal tiene más poder que nosotros para decidir sobre la realidad, y otra muy distinta que dejemos de asombrarnos, de la misma manera que si viéramos a un burro volar, cuando se nos sentencia que resulta coherente que un texto legal diga una cosa y otro, de inferior jerarquía, exactamente la contraria. Así es que nosotros como Galileo: lo que usted diga, que para eso manda; la tierra está quieta eppur si muove. Comulguemos con ruedas de molino, sea cónsul el caballo y constitucional lo anticonstitucional. La ley integral contra la violencia de género es constitucional.

 

 

 

Otra cosa es que esa ley no arregle el problema (a los datos estadísticos nos remitimos) pero qué más da, sirve para afianzar al feminismo radical en el poder. Así pues, ¿para qué reformar la Constitución, si se la puede herir sin reformarla? Puestos a reformar y a concienciar a la ciudadanía, nada nos extrañan  los resultados de la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas: ¿qué tiene de anormal que los ciudadanos no sepamos para qué sirve el Senado, si ni siquiera los mismos senadores lo saben? ¿No iba a ser una cámara de representación territorial, autonómica? Y ¿para qué reformar la Constitución, aunque lo digan la mayoría de los que han contestado al CIS, a la vista de cómo está la Justicia española, más la situación política descrita, si la Constitución es tan sólo una herramienta y son los funcionarios de justicia y los políticos los que la tienen que hacer funcionar? También  los ciudadanos pero estos se hallan ahora más preocupados por la seguridad, lo que, como ocurre en otra forma de la mentira, el bulo, resulta como una bola de nieve que engorda sin parar y se retroalimenta. Pues a la inestabilidad política (la provocada por el terrorismo y por los excesos del poder) siempre le sigue la inestabilidad económica, y así ha ocurrido también esta vez. Y nosotros, los del pueblo llano, en la cuerda floja con monos que nos irritan, como Charlot en el circo, o como esos cowboys sentados en el caballo con la soga al cuello, esperando que alguien venga a darle la patada al caballo: cada vez más preocupados por la seguridad de todo tipo. Tales coyunturas, naturalmente,  engendran histeria y miedo. O, como se dice en una expresión, típica de Burdeos, de tan mal gusto como lucidez: alguien nos ha metido en el culo un petardo apagado pero nosotros, aparte de la incomodidad (aunque también habrá alguno al que le guste), tenemos miedo de que explote.

 

 

 

Siempre quedarán, en cualquier situación democrática o frente a cualquier ley, aprovechados o maltratadores que abusen de la confianza necesaria para que las cosas se muevan. El monstruo de Amstetten pudo esconder durante 24 años su crimen incestuoso gracias a los hábitos de respeto y confianza mutua del pueblo donde vivía, nos contaba Francisco Peregil, enviado especial de El País a la idílica localidad austriaca en la que el electricista jubilado Josef Fritzl pudo abusar durante años de sus hijas e hijos-nietos. Y toda ley puede ser utilizada de manera fraudulenta. Pero algo muy distinto es que en la propia ley figuren, de manera descarada, los mecanismos que incitan o a emplearla fraudulentamente o al conflicto. Lo primero ocurre con la ley de violencia de género, al discriminar a una parte de los ciudadanos. Y en efecto, parte de la otra parte está abusando de esa ley para interponer denuncias falsas, distrayendo así los recursos que las verdaderas maltratadas tanto necesitan. Lo segundo lo fomenta la reformada ley del divorcio, según la cual la custodia compartida se concederá, con el visto bueno del fiscal, si ambas partes están de acuerdo. Así es que a una de las partes le basta con no estar de acuerdo para quedarse con todo el pack (hijos-vivienda-pensión). Cuanto menos acuerdo y más conflicto, mayor y más fácil ganancia para una de las partes.

 

 

 

 

Puede definirse a la dictadura, a diferencia de la democracia, como aquella en la que entre los textos que emana el poder (sobre todo, las leyes) se da contradicción, a la vez que se maquilla esa falta de coherencia mediante argumentos teológicos. Por ejemplo: “nadie puede ser discriminado por razón de sexo,” en un texto, frente a “los varones pueden ser discriminados,” en otro. Insistimos en que eso cuela gracias al miedo, engendrado por la mentira: armas de destrucción masiva, el maltratador es un terrorista, etc y de ello, hemos explicado, se beneficia el poder. Y Constitución frente a leyes anticonstitucionales, que no inconstitucionales (como la Patriot act, o la ley integral contra violencia de género), engendra, a su vez, situaciones paraconstitucionales, paralelas, inverosímiles para la mayoría de los ciudadanos, que las fomentan mediante su ignorancia o su mirar para otro lado. Gracias a eso, pueden existir la tortura, los campos de concentración o los exiliados, aunque estos moren en exilio interior, en las catacumbas, como decía el escritor José Luis Sampedro que vivió durante el franquismo. Junot Díaz, el escritor estadounidense de origen hispano ganador del Pulitzer en 2008 con una novela sobre la dictadura, explica, en una entrevista a El País, que se inspiró en un ensayo del autor de El Señor de los Anillos sobre lo que él llama el mundo secundario: un espacio donde es posible reordenar los elementos del mundo real, de manera totalmente novedosa, ya que las dictaduras tienen las mismas características que los mundos secundarios de Tolkien, sólo que en clave de pesadilla. Crean universos paralelos invisibles donde tienen lugar las torturas y las desapariciones mientras se mantiene la apariencia de normalidad. ¡Universos paralelos e invisibles!, por lo tanto, sin posibilidad de comunicación entre sí: resulta que eso del multiverso ya se le había ocurrido a los dictadores, mucho antes que a los científicos y a los escritores de ciencia-ficción. Ofreceremos, para terminar, un ejemplo de situación paraconstitucional en España. Y, como nuestros textos legales se contradicen, sé que, por definición, seguro que existen otras situaciones paraconstitucionales semejantes, mientras otros ciudadanos disfrutan de los beneficios de la Constitución. Esos son los que miran para otro lado, como ocurría en el franquismo.

 

 

 

 

Veamos, es el ejemplo prometido, cómo los disfrutan algunas mujeres, en la España de los derechos conseguidos para la mujer por el feminismo de Zapatero, sin necesidad de aludir a las maltratadas oficiales, que siguen sufriendo en la misma proporción o más que antes, a merced de una ley mal diseñada, hecha más para beneficio del poder que la redactó que del pueblo al que debe amparar. Enseña Shirin Ebadi, la activista iraní premio nóbel de la paz en 2003, que en Irán, ante los tribunales, el testimonio de dos mujeres vale lo mismo que el de un hombre, lo que a todos nos parecerá escandaloso. He comprobado, en cambio, que, ante el juzgado o la policía, en la España de ZP, el testimonio falso de una mujer vale más que el testimonio verdadero de dos varones. Mi ex mujer puso una denuncia, archivada después con el visto favorable del fiscal, inverosímil a simple vista. Denunciaba falsos abusos míos contra mi hija que no habrían dejado virgen a una mujer adulta, cuanto además a una niña de cuatro años, a la vez que se presentaba con un parte de lesiones que decía, sobre mi hija, ausencia de lesiones genitales externas, himen íntegro. Es decir, se presentó con una prueba descaradamente en su contra. Y, sin embargo, la denuncia prosperó. Un año sin que la niña viera a su padre, a su tía, a su abuela, también mujeres, ¡un año! porque para qué vamos a recordar el atasco y otras calamidades aún más gordas de la justicia española. Por supuesto que, durante la mayor parte de ese año estuve en Guantánamo, porque, en sí mismas, la realización de las diligencias para aclarar el caso duraron pocos días. El resto del tiempo estuve donde tengo dicho, pues las cosas de palacio no van despacio, es que ni siquiera se mueven, como la tierra en tiempos de Galileo. Y tengo pruebas fehacientes de que una niña ha sido torturada, y ha sufrido la situación descrita como una tortura.





Por eso, la niña reaccionó como una torturada. Supongamos que, como en tiempos de la Inquisición, detenemos arbitrariamente a una mujer y la acusamos de brujería. La torturamos, por su bien, para que saque el diablo del cuerpo ¿Qué remedios le quedan a esa desgraciada? Si confirma, para aligerar su tortura, ganará como premio la hoguera. Si niega, la torturaremos con más saña, por su propio bien. Lo único que puede hacer el torturado es callarse, economizar fuerzas y aguantar. Y así actuó mi hija. Un adulto no se habría comportado mejor. Evidentemente, mi ex planteaba su denuncia en estos términos: esto pasa y lo sé porque me lo ha dicho la niña. Si la pequeña daba la razón a la madre, ello la habría alejado aún más de su querido papá. Pero si la contradecía, ello le habría ocasionado un conflicto de lealtades con su querida mamá, bajo cuyo techo se albergaba. Lo que hizo fue callarse. No le pudieron sacar ni una palabra. De nada habrían servido los 18.0000€ que tuve que gastar en abogados y demás parafernalia, si la niña hubiera cedido a las presiones que sufrió. Los psicólogos, que son tan listos, dijeron entonces que la pequeña sufría mutismo electivo o selectivo.





Mi hija, las mujeres de mi familia extensa y yo mismo sufrimos y fuimos torturados. Tortura moderna, que no deja marcas visibles, típica de las dictaduras. A diferencia de la madre, mujer también, y del poder que redactó la ley, que no es una instancia sublime, como Dios, sino un conjunto de mujeres y hombres dispuestos a medrar a costa de los otros, los cuales se beneficiaron de nuestra desgracia. Y también hubo una desaparición, del tipo de las que habla Junot Díaz, de la noche a la mañana y sin que nadie (salvo el torturador) lo esperara: la mía. Es lo que pasa en las dictaduras, que no todos los ciudadanos, aunque sólo hablemos de mujeres, son iguales ante la ley, lo cual sólo es posible, insisto, si entre los diferentes textos legales no hay coherencia. Me llamó la atención que, por las mismas fechas, en Murcia, un padre y un padrastro intentaron denunciar a la madre de abusos contra su hija. No les estimaron la denuncia en ninguna policía, ni en el juzgado, porque no tenían pruebas, sólo su testimonio. Y el juez que no estimó la denuncia fue el mismo que, poco después, levantó el cadáver de la niña, asesinada por la madre con un cóctel de pastillas. Eso lo supe un año más tarde, gracias a El País, que decía que el padre había logrado abrir un proceso para depurar responsabilidades del Estado, del que nunca más supe, ni creo que haya depurado nada ya que, con la ley en la mano, los funcionarios habían actuado protocolariamente. Cuando cuento esto, por ejemplo en los foros digitales del diario Público, me contestan que las “anécdotas” no prueban nada o directamente se me insulta. Un tal Realista me animaba así: de verdad crees que alguien va a leer ese comentario anonimo tan largo? stas mal... Pero eso pasa con el que denuncia los estragos de las dictaduras que se autodenominan democracias (¿existe alguna que no lo haga?). Lo que pasa con el que clama en el desierto es que su escritura es inútil porque algunos ya saben lo que cuenta y otros, la mayoría, prefieren hacer la vista gorda. Miremos, pues, para otro lado ... y reformemos la Constitución. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


LECCIONES DE MORAL 14/10/08

 

 

 

http://www.publico.es/internacional/164384/acepto/lecciones/moral/paises/desarrollados#comentarios

http://www.publico.es/espana/164433/mujer/aborto/feminismo#comentarios

 

 

 

 

Comentario censurado en Público

 

Leo el titular de Público “aborto colectivo en alta mar” y me alarmo. Es porque (quizá influido por la entrevista al presidente de Senegal que también publica ese periódico, titulada “no acepto lecciones de moral de los países occidentales”) lo primero que supongo es que ha ocurrido otra desgracia con una patera de inmigrantes.

 

 

Pero al leer más me entero de que se trata de otra maniobra de propaganda de las abortistas.

 

 

Si las que vienen en patera se ven obligadas a parir en ella (como ya ha ocurrido), mientras que las de aquí tienen recursos para irse a malparir a un barco, pues, al margen de cualquier juicio sobre la realidad del aborto, la verdad es que no me extraña que cualquier africano rechace nuestras lecciones de moral.

LA TRAMPA DE LA CUSTODIA COMPARTIDA, 13/10/08

 

 

 

http://www.diariodeleon.es/se_leon/noticia.jsp?CAT=111&TEXTO=7216111

http://www.diariodeleon.es/se_leon/noticia.jsp?CAT=111&TEXTO=7216110

 

 

 

La trampa de la custodia compartida

 

 

 

Experimentos reveladores. El delegado [de Gobierno para la Violencia de Género, Miguel Lorente] relató ayer uno de los experimentos realizados en torno a los comportamientos machistas [...] La custodia, una trampa. El coloquio posterior a la conferencia subrayó la trampa que esconde la custodia compartida. «La mujer es capaz de renunciar a casi todo por mantener a sus hijos, y el varón lo aprovecha».

 

 

 

Diario de León

 

 

 

 

La “trampa de la custodia compartida” es que no existe la custodia compartida pues, para que se dé, con la ley actual, es necesario, amén del visto bueno del fiscal, el mutuo acuerdo de los progenitores, sabiendo una de las partes (la madre) que, si no lo hay, se queda con todo. Al menos el 97% de las custodias se sigue otorgando a la madre, dato tan abrumador, que sólo hay dos certezas al entrar a un Juzgado: si hay sobreseimiento, será provisional y si hay custodia, para la madre.  Así, a la mujer no le interesa el acuerdo pues le basta el desacuerdo para obtener todo el paquete (hijos, vivienda y pensión).

 

 

Pero esos hijos, ¿son sólo suyos?, ¿nacieron sin padre?, ¿deben, tras la separación, quedar huérfanos de un padre que no ha muerto, salvo para pagar?

 

 

Ignorando la evidencia, el Sr. Lorente, delegado del Gobierno para la violencia de género, ha "resignificado" (por emplear su misma jerga) en León dicha "trampa": "La mujer es capaz de renunciar a casi todo por mantener a sus hijos y el varón lo aprovecha."

 

 

Tras el dato estadístico (todas las custodias, salvo excepción, monoparentales y para la madre) no se entiende a qué "renuncia" la mujer por "sus" hijos (sólo de ella, según Lorente). Y menos de qué se "aprovecha" el varón. Y  menos todavía de qué se aprovechan los hijos (que son, al fin y al cabo, a los que hay que proteger)  con una "igualdad" (resignificada) como la que Lorente nos vende, aunque el coste de su resignificación proceda de nuestros impuestos.

 

 

Resignificación, la suya. Para nada resignación, la nuestra. Estamos hartos de que nuestros hijos se queden sin padre, utilizados como carne de cañón por ciertos grupos en el poder, a los que el Sr. Lorente representa. ¡Custodia compartida ya!

HIBRIS; 25/06/08

 

 

 

 

 

 

 

 

Hasta aquí hemos llegado gracias a lo que Jesús Trillo-Figueroa ha llamado muy acertadamente "una revolución silenciosa." El día que el feminismo radical dejó de quemar sostenes y otro tipo de provocaciones exaltadas para infiltrarse  sibilino y paciente, paulatino y silente en las estructuras de poder (partidos políticos, organismos internacionales, judicatura ...) y de pensamiento (universidad, medios de comunicación ...), ese día concreto, si lo pudiéramos encontrar, sería el equivalente del 11S en la historia de la desgracia de los padres separados (y, sobre todo, de nuestros hijos). Comprendió entonces el feminismo radical que "cuanta más violencia, menos revolución" (Bart de Ligt, "The Conquest of Violence", 1937), axioma del que Fernando Savater ("Contra las patrias") comenta: "Qué razón tiene, tuvo, tendrá ese dicho."

 

 

 

     Leyendo el libro de Jesús Trillo-Figueroa ("Una revolución silenciosa. La política sexual del feminismo socialista", Libros Libres, 2007), en virtud de su rigor y documentación y de los sentimientos católicos, apostólicos y romanos del autor, me asaltó la curiosa sensación de lo déjà vecu, de que eso ya lo había leído antes, en otro universo. Y así era, porque el libro de Trillo es una parodia, o un remake, de la "Historia de los Heterodoxos" de Don Marcelino Menéndez-Pelayo, sólo que ahora se han vuelto heterodoxas, aunque algunas con un rabo entre las piernas (Sartre, Foucault ... no así Miguel Lorente, el de "Mi marido me pega lo normal", número dos de Bibiana Aído, al que Trillo ignora y la razón es que el nivel intelectual de los heterodoxos citados en su libro es significativo y Lorente no llega a él).

 

 

 

     Pero si de algo deja constancia Trillo-Figueroa, es de como las feministas radicales han compensado la falta de militancia de las mujeres en general con ideología, propuestas, reclamaciones, movimientos, plataformas, coordinadoras, colectivos, asociaciones, federaciones, frentes de liberación, partidos, oenegés, grupos, núcleos, lobbies, redes, foros, comisiones, omisiones reduccionistas para explicar el mundo, censuras, agresividad verbal, programas, eslóganes, ensayos, estudios, instituciones, institutos, organismos, centros de planificación, casas de acogida, encuentros, comités, conferencias, olas, política (hasta en la alcoba), estadísticas, organizaciones, estrategias, tácticas, cuotas, leyes, objetivos, alianzas, pactos, pasos, agendas, discriminaciones positivas, tolerancias cero, verdades, mentiras, conquistas, argumentos, tiempos y seminarios (aunque los "seminarios" ya no los celebran porque se trata de un término sexista, de la misma raíz que "semen").

 

 

 

     Y de pronto, tras décadas de sabiduría y ascenso, el feminismo radical comete un error ingenuo, infantil, tan manifiesto que parece una trampa de la que no fiarse, y que solo puedo en este momento, por más que busco el gato encerrado, explicarme como exceso de confianza. Han dado la guerra por ganada y han caído en eso que los griegos llamaban hibris, "que puede traducirse como 'desmesura' y que en la actualidad alude a un orgullo o confianza en uno mismo exagerados, resultando a menudo en merecido castigo. En la Antigua Grecia aludía a un desprecio temerario hacia el espacio personal ajeno unido a la falta de control sobre los propios impulsos, siendo un sentimiento violento inspirado por las pasiones exageradas, consideradas enfermedades por su carácter irracional y desequilibrado, y más concretamente por Ate (la furia o el orgullo). Como dijo Eurípides: 'Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco.'"  (Wikipedia).

 

 

 

     Y este es el error: Tenían y siguen teniendo el Instituto de la Mujer, una organización de propaganda tan eficaz como nunca lo soñó la Sección Femenina de Falange ... ¡y crean el Ministerio de Igualdad! Innecesario para la causa, como lo prueba el hecho de que el recién creado chiringuito, para empezar, se haya servido de los medios del Instituto de la Mujer. Con ese ministerio, integrado además en un gobierno con mayoría de ministras y enfrentado a otras maneras de entender un ministerio así, como la de Berlusconi, la revolución silenciosa se vuelve de pronto revolución escandalosa. Y claro, ha sido abrir Bibiana la boca, y estallar el escándalo.

 

 

 

     Las feministas radicales han podido, desde el ámbito oscuro de la universidad o de la ley, que el pueblo no lee, apoderarse de lo que es del pueblo, la lengua, y retorcerla a su entera satisfacción. Pero otra cosa es que lo haga una ministra, de cara a la galería. La rebelión ante lo de "miembra" ha sido un clamor del pueblo, no tanto de la oposición. Basta leer los mismos foros progubernamentales,  (Público, El País), en la versión digital, que permite a los lectores interactuar con el medio, para comprobar que los españoles, votantes socialistas incluidos, aguantaremos resignados todo lo que nos caiga encima (crisis, euríbor, sequía, interpretaciones judiciales reduccionistas o corporativistas) pero no sufriremos que manipulen y se apoderen de lo que es de todos, lo más popular y democrático que existe, la lengua.

 

 

 

     Muchos, en los foros, han comentado que, mientras el país se enfrentaba a la protesta de los camioneros, a la inflación, a las hipotecas y a otras desgracias económicas al acecho, los españoles, como encantados, preferíamos concentrarnos en discutir sobre el sexo  de los ángeles. El caso es que, efectivamente, no parece el momento para discutir sobre si se debe decir "alarma" o "alarmo", sino para cubrirnos lo mejor que podamos y ponernos a salvo. Y sin embargo, aunque nadie ignora eso, no hemos dejado de escandalizarnos con los abusos lingüísticos de Aído.

 

 

 

     Se explica porque la cuestión no es baladí. Pues la gramática y el derecho se hallan emparentados. El derecho nos los otorga gracias a una colección de deberes y la gramática, de la misma manera, nos permite decir todo lo que queramos gracias a que es una auténtica ars obligatoria, al decir de los escolásticos, como nos enseñaron Boas y Jakobson ("La significación gramatical según Boas", en "Ensayos de Lingüística General", Seix-Barral, 1975): "La elección de una forma gramatical por parte del hablante presenta al oyente un número definido de unidades (bits) de información. El carácter obligatorio de este tipo de información en todo intercambio verbal, y la considerable diferencia de información gramatical vehiculada por las diferentes lenguas, es un hecho del que Franz Boas se percató plenamente ... La auténtica diferencia entre las lenguas no consiste en lo que sí puede o no puede expresarse, sino en aquello que los hablantes deben o no transmitir."

 

 

 

     O sea, en castellano, por ejemplo, se usa obligatoriamente  el masculino como término no marcado: "nosotros" sobreentiende "nosotros y nosotras." Decir esto último es como tener un ferrari para ir a diez por hora ya que atenta contra la economía del mensaje, contra el tempo, contra la velocidad de transmisión; resulta, en suma, una pedantería torpe e innecesaria. Todo mensaje contiene redundancias para asegurar su decodificación pero a la vez omite presuposisiones para tornarlo económico y funcional. Me atrevo a profetizar que los hablantes no cometerán derroches innecesarios (y menos en  tiempos de crisis económica) del tipo "ciudadanos y ciudadanas", salvo que les vaya la vida en ello, y no se comprende cómo les podría ir por eso, a no ser que instauremos el pensamiento único.

 

 

 

 

     Nunca dejará de asombrarme la necesidad de los poderosos de inducirnos al derroche como condición indispensable para que ellos puedan mangonear, y no me refiero sólo a los banqueros y otros actores de la sociedad de consumo sino a los fascistas o a las feministas radicales, cuando han alcanzado el poder. ¿Por qué saludar de manera tan ostentosa, con el brazo en alto, estirándolo de la manera más rígida posible, cuando podemos declarar nuestras buenas intenciones al otro sin necesidad de tanto gasto en el gesto como el que hay que emplear en el saludo fascista? Por la misma razón, misteriosa y oscura, pero sobre todo irracional y antinatural, debemos pervertir nuestra lengua derrochando palabras, hablar en femiñol y decir “nosotros y nosotras, ciudadanas y ciudadanos, todas y todos, miembros y miembras, capullos y capullas para tener contentos a feministos con talante, feministas de oficio y beneficio, femilistos y femitontas, machitontos y femisepasandelistas socialistas en el poder.

 

 

 

     Ahora bien, funcionando nuestra gramática de aquella manera, nadie está obligado a decir "nosotros" en una reunión de cuatro mujeres y un varón. Yo, por ejemplo, varón, en mis clases, he dicho "nosotras" en un grupo donde no había nada más que alumnas, sin que por ello mi hombría se haya resentido lo más mínimo. Pero dicho grupo era un "grupo", no una "grupa", palabra que en español significa otra cosa y será “grupa”, no “grupo,” aunque se refiera a la de un caballo macho.

 

 

 

     De esa obligatoriedad, en la gramática, en el derecho o simplemente en la educación, nace nuestra libertad, para que se vea si lo de la "miembra" no toca nuestra línea de flotación más delicada, como para dejarlo pasar. En efecto, la lengua nos hace libres debido a que, en virtud de la obligatoriedad de la gramática, no puede ser impuesta ni prohibida por las élites. Puede decirse de ella lo que un gracioso le replicó al gobernador Sancho Panza, que pretendía "hacerle dormir en la cárcel." A lo que el súbdito respondió que a eso no llegaba el gobernador, con todo su poder, si al encarcelado le daba la gana de quedarse toda la noche despierto.

 

 

 

     Así pues, Bibiana Aído se ha subido a la palestra a desenmascararse y, de paso, a desenmascarar a sus congéneres. De nada les servirá recurrir a todo su manoseado argumentario defensivo, del tipo "nos atacan porque somos mujeres." El pueblo no tendrá piedad, como se ha visto, contra quien, desde una posición de autoridad, no hace honor a la misma.

 

 

 

     "Nadie ha cometido jamás un error gramatical en una sociedad analfabeta" (Marshall McLuhan, "La Galaxia Gutenberg"), lo que quiere decir que la gramática puede analizarse o evidenciarse desde arriba (a eso se dedican los lingüistas o cualquier hablante que diferencia entre enunciado y enunciación, si ello le es necesario para hacerse entender) pero no imponerse ni obligar con ella a nadie porque ella misma es una herramienta que ya lleva consigo sus obligaciones.

 

 

 

     Y la autoridad, la auctoritas, es un concepto moral. Consiste en que el pueblo sigue al que le da buenos ejemplos. Por eso, el primer diccionario de la Academia se llamó Diccionario de Autoridades, porque cada palabra definida venía corroborada en su uso por un clásico de la lengua, o sea, una autoridad en la materia. Eso, si acaso lo han olvidado las feministas radicales, se lo puede enseñar muy bien mi hija de seis años.

 

 

 

     Resulta que el otro día mi ex me pidió que obligara a la niña a ir a la escuela. La madre no conseguía imponerse. Así es que llegué y se lo pedí flojito, a lo que la pequeña me contestó con un "no" rotundo. Yo cada vez más flojo. Y la niña cada vez más fuerte, así íbamos andando hacia la escuela. En estas, a la mamá le entró un ataque de dignidad y le espetó a nuestra hija: "no le grites así a tu padre." "Ni tú tampoco", le contestó la pequeña. La niña ha comprendido muy bien lo que es la autoridad. Bibiana Aído, no.

 

 

 

     Así es que el día que le grite a una niña que ha presenciado los gritos de su madre, estaré muerto, desde el punto de vista de mi autoridad paternal. José Manuel Aguilar, en su famoso libro sobre el SAP, recuerda esa misma táctica del Padrino, Don Corleone: la autoridad es inversamente proporcional a los decibelios. Lo que no dice Aguilar, ni tampoco debería decir yo, es que el sucesor de Don Vito, Michael Corleone, buen conocedor de las mañas de su padre, era capaz de plantar cara de esa manera a todo un senador corrupto que pretendía extorsionarle y demás peces gordos pero perdió los estribos con su mujer. Para que se vea la fuerza moral de los que comprendemos la sabiduría que encierra la máxima cristiana de poner la otra mejilla, aunque más sabio todavía resulta el ejemplo budista de quitarse de en medio, a poco que se pueda.

 

 

 

     Hibris: Ha habido alguien que se ha visto muy sobrao. Me refiero a The Godfather, el Padrino, Manuel Chaves, que ha impuesto a la niña a la que acunó literalmente en sus brazos y la ha sacado del flamenco para encumbrarla a la igualdad. Calígula cavó de la misma manera su tumba cuando nombró cónsul a su caballo.

 


VENTAJAS DE LA GUERRA, 17/05/08

 

 

 

 

 

Carta a mi mejor amigo de la adolescencia (ahora separado y con hijo como yo)

 

 

 

 

Querido Antonio:

 

 

 

 

 

Muchas gracias por tu mensaje de aliento pero te aseguro que la noticia de que el Tribunal Constitucional ha refrendado la ley integral de medidas contra la violencia de género (lo cual, por otra parte, se esperaba) me sume en una gran crisis de realismo, me abre los ojos. Y, ante tal atropello, veo dos soluciones: Una, exiliarse, lo que no es posible porque nuestros hijos están aquí. Y, además, para qué ir al extranjero, ¿para acabar como tu abuelo en el campo nazi de Mathausen? La otra, la solución que nos queda, es vivir en exilio interior, en las catacumbas (que decía el escritor Javier Sampedro), como tu otro abuelo, el materno, y, como él, disfrutar de la familia lo que nos dejen. Que mi hija disfrute en un futuro inmediato de mis viejos libros, de la misma manera que tú y yo disfrutamos de los entrañables vinilos de música clásica de tu abuelo materno. Casi no aspiro a nada más. Y desde el exilio interior me planteo estapregunta:

 

 

 

 

 

¿De verdad desean quienes han impulsado la famosa ley integral de medidas contra la violencia de género acabar con ese tipo execrable de violencia?

 

 

 

 

 

Porque sobreactuación legislando, hasta los límites de la Constitución. Pero miniactuación poniendo recursos. En una reciente emisión del programa "Derecho a juicio", deTribunal tv, Rodrigo Gavilán, portavoz de la Confederación Española de Policía, se quejó de que "no tenemos funcionarios suficientes ni siquiera para proteger a las mujeres que ya tienen decretada una orden de protección por parte del juez" y ofreció los siguientes datos, que él mismo calificó de "reveladores": Comisaría de distrito de Usera (Madrid): 4 funcionarios protegen a 1100 mujeres con orden de protección.Toledo: 4 funcionarios para 800 mujeres con orden de protección. Murcia: 10 policías para 550 mujeres. Zaragoza: 19 policías "en segunda actividad, es decir, prejubilados" para 2100 mujeres maltratadas. Valladolid: 8 para 330. Córdoba: 6 para 432. La media en España: un solo policía debe proteger a 250 mujeres ya con orden judicial de protección. Contó que le decían sus compañeros, ocupados en este asunto, algo así: "Las mujeres que tengo que proteger, es que ni las conozco, ni las he visto en mi vida. Conozco a 10 o a 15 y al resto, lo único que se puede hacer es llamarlas una vez al  mes o cada dos meses por teléfono." Contó además, para abundar en una falta de recursos humanos que llevaba consigo deshumanización y ligereza, que quien establecía qué grado de protección necesitaba una mujer era un ordenador, tras responder a un test la presunta víctima de malos tratos, sin mayor valoración ni introspección humana por partede personal con recursos psicológicos o penales. Recuérdese, por otra parte, la huelga de los funcionarios de los juzgados de violencia doméstica, quejándose también de falta de recursos. Para no hablar de la famosa entrevista de Iñaki Gabilondo a una juez, durante la pasada campaña electoral, en la que, pese a la insistencia del periodista en que la juez reconociera los desvelos y la buena intención del Gobierno en este dramático asunto, las respuestas de Su Señoría remacharon que el Gobierno ni había actuado con diligencia ni proveído los recursos mínimos indispensables.

 

 

 

 

 

Vistos esos escasos recursos, la famosa ley integral de medidas contra la violencia de género parece más bien otra estrategia (que unir a la asignatura de educación para la ciudadanía, a la ley de igualdad y demás) para imponer a la sociedad una perspectiva ideológica desde el Estado, y en concreto la ideología de género, uno de cuyos lemas principales es que lo personal, lo íntimo, lo privado debe ser también político. Así lo reconocen las propias impulsoras socialistas de la ley, cual es el caso de Micaela Navarro, que confesaba que esta ley "no sólo pretende dar una respuesta integrada a la violencia contra las mujeres ..." (y ya se ve que respuesta no mucha y menos integrada) sino que "es también una respuesta a la distribución del poder basada en los restos presentes del sexismo en nuestra sociedad." La ley "provocará cambios en las estructuras más básicas del poder, en su elemento más pequeño: el poder en elentorno familiar."  (Las citas están en el libro "Las Zapatistas", de Inmaculada Sánchez). Y, para ello, nada mejor que calificar en la ley como delito un determinado gesto del macho pero sólo como falta, si ese mismo gesto es cometido por una mujer. Quien tiene  una ventaja legal, manda en el juego. Así de simple. Si   tiro con dos o tres dados y sumo el resultado, en el juego del parchís, mientras que tú sólo juegas con uno porque las leyes del parchís así lo autorizan, está claro que tendré todas las de ganar. Siempre podrías ganar tú, claro . "No todo se hunde por eso", como dices. Pero resulta evidente que  sólo a un masoquista, a un perdedor o a un tonto le apetecería jugar, en esas condiciones, al parchís conmigo.

 

 

 

 

 

Así pues lo que la ley de medidas contra la violencia de género persigue en el fondo es ayudar a que manden las mujeres en vez de los hombres. Pretende, según sus instigadoras confiesan, incorporar a la infantería rasa (la mujeres en el ámbito privado dela pareja heterosexual) a la gran batalla de las élites. Sé que a los ciudadanos de a pie, en especial a los maltratados de uno y otro sexo, esas guerrillas de poder no nos alcanzan, salvo para fastidiarnos. Más bien lo que queremos es justicia con minúscula, es decir, con eficacia, sin tanta retórica desde el poder y sin las mayúsculas que el Tribunal Constitucional le acaba deponer al asunto. Desde que entró en vigor la ley, el número de mujeres maltratadas y asesinadas no ha parado de aumentar cuando se suponía que la ley debía servir para lo contrario. No obstante, "la ley es buena". Cuando explican el porqué, averiguamos que es porque la ley ha propiciado que se denuncie más. Y ahí duele, como sabes, porque me consta que esa ley y el contexto promovido por quienes la han formulado alienta las denuncias falsas. Y esas, ni siquiera las han debido inventar ciertas mujeres avispadas sino sus abogados, ya que dicha ley se las pone a huevo. Hecha la ley, hecha la trampa, sobre todo cuando la ley es tramposa, es decir, discriminadora. Las denuncias falsas no las ha inventado esta ley, es evidente. La falsa delación debe ser el oficio más viejo del mundo y la mentira nació antes que el género humano. Pero una cosa es que se denuncie en falso de cualquier delito y otra muy diferente que la ley que pretende protegernos de un determinado delito estimule la falsa delación, en virtud de las ventajas que ofrece a determinados ciudadanos y no a otros, por lo cual no me sirve el argumento estadístico del exsuperministro Caldera y de otros corifeos de la ley, según el cual no hay más falsas denuncias de maltrato a mujeres que de otros delitos (lo que, por otra parte, estaría por ver, sin datos tergiversados o a la ligera).

 

 

 

 

 

Si dicha ley protegiera de verdad a las mujeres, aun a costa de discriminar a los hombres, bienvenida fuese. Pero es que la ley fastidia también a las mujeres: por ejemplo, por lo que a mi me toca, mi hija  (mujer es), su tía paterna (mujer también), su abuela (no menos mujer). En virtud de una denuncia falsa de mi ex de abusos sexuales contra mi hija, sobreseída ahora con el visto favorable del fiscal, que motivó una queja admitida por el Defensor del Pueblo, a causa decomo se llevaron a cabo las diligencias, mi hija (que, insisto, es mujer) ha perdido durante ¡más de un año! a su padre (la Justicia es lenta). A mi ex la denuncia falsa, en la actual coyuntura, le ha salido gratis. Principal perjudicada: la niña. Pero, por aquello de la ley del péndulo, por una cuestión de dialéctica histórica (que dirían las feministas socialistas), si, cuando mi hija esté en edad de merecer, tiene la desgracia de ser maltratada por su pareja y acude a interponer la correspondiente denuncia, puede que entonces sea vista con reticencia por los funcionarios, que puede que piensen, si esto sigue así: "otra que puede que venga a denunciar en falso." El pecado original de su madre y de los autores de la ley lo está pagando ya mi hija, que es mujer, y muy caro. Porque es evidente que en tiempos de Franco mi ex no habría podido actuar así: Pues ni tanto, ni tan calvo. Por lo que, entre los aspectos de la ley a mejorar, de los que ha hablado recientemente la señora De la Vega desde Níger, ¿qué tal si le echamos un vistacillo a la falsa delación que la ley fomenta? Cosa que no harán.  Porque me atrevo a afirmar que las denuncias falsas es lo que desean y lo que han propiciado maquiavélicamente,  porque la mentira es también una estrategia de guerra y lo que las feministas radicales quieren, por mal nombre feminazis,  es la guerra de sexos. No soy yo quien lo dice. Son ellas. Sólo un botón de muestra:  "Si no los podemos hacer  [a los hombres] tan buenos, hagámosnos  nosotras tan malas ... no impongamos dulzura, hagámosnos brutales". La cita es de una de nuestras más destacadas e influyentes feministas socialistas, Amelia Valcárcel, y se puede leer en su libro "El derecho al mal", de 1991.

 

 

 

 

 

Nunca había empleado el término "feminazi" para calificar al feminismo radical. A partir de ahora, lo haré sin ningún escrúpulo de conciencia. Porque amparar como constitucional la vulneración del artículo 14 de la Constitución, el cual consagra la no discriminación (ni negativa ni "positiva") por razón de sexo, como ha hecho el Tribunal Constitucional, con el voto favorable de su presidenta a la cabeza, la feminista María Emilia Casas Baamonde, nos condena a vivir en un estado feminazi, donde, al igual que ocurrió con el régimen de Hitler, se consagra el derecho de autor. Entonces contra algunas razas. Ahora contra un sexo, el sexo degenerado, según la ideología de género.

 

 

 

 

 

Que el feminismo socialista, ahora en el poder, lo que busca es el asalto de la mujer al poder en vez de la liberación de la mujer (no es lo mismo) quedó muy claro cuando se planteó la reforma de la ley dedivorcio, durante la pasada legislatura: una magnífica ocasión para haber introducido la custodia compartida como opción preferente en los procesos de separación. Cuidar a un hijo menor es trabajoso. La custodia compartida con el varón permitiría a la mujer liberarse, tener tiempo para ella o para desarrollar su vida profesional, de la misma manera que el varón. La señora De la Vega la impidió. Y a ver quién encuentra una explicación del porqué más coherente que esta: Mediante la custodia monoparental a favor de la madre, los hijos pueden ser instrumentalizados por parte de la mujer, degradándolos de sujetos a objetos, como una herramienta más de poder a su entera disposición. Y no una herramienta cualquiera sino la más valiosa, porque los hijos arrebatados a sus padres (en este caso, al progenitor varón) constituyen un arma emocional incuestionable en poder de quien los tenga; es decir, en este caso, un arma certera para dominar las “estructuras más básicas del poder, en su elemento más pequeño: el poder en el entorno familiar.”  En política, como en la guerra, parece que vale todo. Ahora sabemos lo que le dijo Segolène Royal a François Hollande, jefe de su partido y compañero sentimental, con el que andaba a la greña: “Si pones otro candidato a la presidencia de la República en mi camino, no volverás a ver a tus hijos.” Para el que dude de que el famoso  lema feminista “lo personal es político” resulta tremendamente retorcido, astuto, perverso, “malo”, “brutal” y maquiavélico, a partir de planteamientos como los atribuidos a Segolène ya puede ir entrando en otra crisis de realismo como la que me afecta. El tópico, de la literatura machista, del varonil guerrero que domina por la fuerza a sus enemigos pero refrena todo su poder ante el perverso malo que se ha apoderado de su hija o de la virgen queda, de esta manera, consumado, pero no desde la ideología machista que lo propuso, sino desde su contraria, la hembrista, paradoja sólo aparente porque los extremos se tocan.

 

 

 

 

 

Palabras de Zapatero: "Como saben de sobra, no soy amigo de las guerras. Máxime de las guerras ilegales. Las considero una lacra y un azote para la humanidad. Pero sólo hay dos guerras que estoy dispuesto a emprender y en las que comprometer moral y políticamente al Gobierno: la guerra contra el hambre y la guerra contra el machismo criminal." Contra el hambre no parece que haga mucho, consagrado como se halla a la otra guerra. Los resultados de Zapatero respecto al precio de la vivienda, a pesar del ministerio que le dedicó, la subida de la luz, de la gasolina o de los alimentos más básicos no parecen una manera muy eficaz de luchar contra el hambre, por no citar más que lo más aparente. Tampoco es una manera muy eficaz para paliar el hambre condenar de facto a muchos padres varones separados a que tengan que alimentarse en los comedores de Cáritas, como cada vez ocurre en mayor proporción, salvo que estos no entren en la cruzada contra el hambre, por tratarse de machistas criminales. Por guerras ilegales, entiende la de Iraq. La guerra preventiva es ilegal. Zapatero se ha preocupado de hacer legal la suya contra el machismo criminal, con una batería de leyes como la que nos ocupa o las que nos esperan. Pero no es justo. Nos ha engañado como chinos. Zapatero nos dijo que Bush eramuy malo porque practica la guerra preventiva contra los extranjeros mientras que él, Zapatero, practica la guerra preventiva contra sus propios ciudadanos, en concreto todos aquellos varones que tengan la desgracia de sufrir una denuncia que los catalogue como machistas criminales. A esos varones, primerose les hace la guerra preventiva (medidas preventivas de alejamiento o cárcel inaudita parte) y luego ya veremos. Y no hay mucha prisa en el protocolo establecido por verlo.

 

 

 

 

 

Si desea el feminismo socialista la guerra, empeñarse en que estamos en guerra, insistir en que contra el "machismo criminal" no convienen más que tácticas de guerra y no de paz (al contrario de lo que se practica contra quien nos hace, de manera insoslayable, la guerra, como ETA, con la que se dialoga, o los piratas somalíes, a los que se les paga sin permitirse una acción de guerra, a pesar detener a una fragata merodeando cerca), si se empeña en llamar "guerra" y "terrorismo" a su versión reducida de la violencia doméstica (que sólo contempla la violencia de los hombres contra las mujeres, desdeñando la que practican las mujeres o la que se practica contra los niños), se debe a que, en condiciones de guerra, en aras de la seguridad, se pueden adoptar medidas excepcionales que colisionen contra los derechos fundamentales de los ciudadanos sin que estos digan ni pío, espantados como se hallan ante la gran amenaza. Ahora resulta constitucional que contra dos ciudadanos diferentes que cometan exactamente la misma acción, el Estado o bien sobreactúe o bien se inhiba, dependiendo del ciudadano. Y nadie dice ni pío. Ventajas de la guerra.

 

 

 

 

Así es que este país no es  "tan difícil de entender" como dices. Todo cuadra perfectamente. Se trata, como siempre, de unos aprovechados o aprovechadas, que, en aras de sus intereses de poder, instauran una ideología y nos hacen la puñeta. A partir de ahí, no veas lo que me consuelan tus amables palabras, formuladas desde el cariño: "La relación con los hijos también depende de nuestra actitud delante de ellos". Vale, a condición de que nos dejen estar delante de ellos. Nada hay más básico ni más importante que la educación de las emociones.  La mala educación emocional que nuestras ex les están dando anuestros hijos, sólo para fastidiarnos a nosotros, sin que nosotros lo podamos evitar, es algo que los lastrará de por vida. A ellos, a nuestros hijos, no a nosotros. Y el argumento de que el tiempo pone las cosas en su sitio, si es que las pone, que está por ver, no me sirve, porque las raíces en las que nos sustentamos  se nutren del tiempo pasado, lo que deja a nuestros hijos con poca fuerza ante cualquier viento que les sople.

 

 

 

 

 

Una última reflexión, también basada en mi experiencia. En una entrevista en la revista "Yo Dona", la abogada y activista persa Shirin Ebadi, premio Nobel de la Paz en 2003, nos hacía saber que en Irán, ante los tribunales, al testimonio de un varón sele concede el mismo peso que al de dos mujeres, lo cual, desde nuestra perspectiva, resulta escandaloso. Aquí en España sé que ocurre al revés, que el testimonio verdadero de dos varones ni siquiera vale lo que el testimonio falso de una mujer. Para su denuncia falsa, mi ex podría haberme acusado de felaciones, tocamientos impúdicos o algo así, que eso no tiene por qué dejar marcas. En cambio, describió penetraciones que no habrían dejado virgen ni siquiera a una mujer adulta, cuanto además a una niña de cuatro años, a la vez que se presentaba con un parte médico que la desmentía, ya que decía literalmente: "ausencia [en la niña] de lesiones genitales externas; himen íntegro." Pues, a pesar de ello y de mucho más, como era una mujer la que denunciaba a un varón, fulminante medida de alejamiento contra mi, adoptada en ese mismo momento inaudita parte (es decir, sin oírme a mi). Por las mismas fechas, el padre y el padrastro (o sea, dos varones) de una niña acudían en Murcia a denunciar a la madre. Lo intentaron en la Guardia Civil, en la policía, en el Juzgado y en organismos de protección social pero, como no tenían pruebas, nadie les hizo caso. Poco después, esa madre asesinó a su hija administrándole un cóctel de medicamentos y el juez que no quiso estimar ladenuncia fue el mismo que acudió a levantar el cadáver.

 

 

 

 

 

Pero de eso me enteré mucho más tarde, gracias a una noticia publicada en El País, que narraba como el padre había conseguido abrir un proceso para exigir responsabilidades, del cual nunca más supe ni creo que haya llegado a depurar nada ni a nadie, igual que ha ocurrido con los soldados americanos asesinos del cámara José Couso, de los cuales tampoco quiere saber nada la Audiencia Nacional. Ventajas de la guerra. La noticia contaba que nadie se hacía responsable porque todos habían actuado con corrección protocolaria, con la ley en la mano.

 

 

 

 

 

Así las cosas, hace poco aproveché que había una manifestación de padres separados en Barcelona para acudir a ella. Cuatro gatos, uno de los cuales había sido denunciado en falso por su ex mujer d